24 de diciembre

En una gruta, en Belén

24 de diciembre

 

Una vez en nuestro mundo hubo un establo, y lo que estaba en ese establo era más grande que todo nuestro mundo.

C.S. Lewis

 

La sociedad de hoy sigue siendo, aun tras muchos desintentos de los modernistas, una sociedad cristiana: siguen existiendo los derechos humanos, las familias ―más o menos estructuradas―, las Bellas Artes y muchas perseguidas verdades positivas que el cristianismo nos ha dejado en la cultura, alma del pueblo; verdades como que el mundo es bueno, que los seres humanos también o que, además de buenos, en cada una de nuestras conversaciones o relaciones seguimos siendo hijos y seguimos siendo bellos. Aun existe algo de fe en esta sociedad, pues aun queda sociedad: no han acabado con nosotros.

Pero, a pesar de ello, cada vez, la cultura de “la cristiandad” que España y el mundo atesoraba, se ve más tenue y apagada. Muchos desconocen, por ejemplo ―y como ejemplo principal, pues hoy acontece este renacimiento un año más―, el misterio de la Noche Buena y de la Navidad: que un niño divino llamado Dios con nosotros se ha hecho hombre para que los hombres pudiéramos ser Dios; que Cristo ha nacido en Belén para que todos los días pueda nacer Dios conmigo en mi corazón. El Dios, Rey Creador del Universo, nació en un portal humilde y expuesto al frío de la noche en forma de bebé mortal.  Bien decía Lewis que el cristianismo, si es falso, no tiene ninguna importancia, y si es cierto, tiene infinita importancia. La única cosa que no puede ser es moderadamente importante. 

Una vez más uno puede decantarse por elegir si darle o no importancia a esta celebración: la natividad o nacimiento de Dios. Una vez más podemos acercarnos a eta Noche Buena sintiéndonos indiferentes en fe, esperanza y caridad o sintiéndonos Hijos con Dios que quiso también ser Hijo de una madre y del Amor.

Entendamos mejor o peor este misterio ―ello es indiferente―, algo bien podremos presentir, catar y palpitar si en un pequeño silencio nos paramos ante un sagrario de vuelta a casa para la cena o si miramos en esa sencilla presencia calladla de Dios, que habita en cualquier lugar de la inadvertida intimidad de nuestra alma: que este Jesús existe, que María es su santísima madre, que este misterio es verdad y que es una gracia la Navidad; pues igual que ese día el Sol brillaba en un establo, hoy, ese mismo sol, se cobija en nuestro corazón.

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Sobre el Autor
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JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudio psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.