AMNISTÍA, INDULTO, PERDÓN

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  • La Amnistía tiende a que las sociedades se olviden por completo  de los  delincuentes, incluso de sus responsabilidades civiles. Es algo así como decir “aquí no ha pasado nada“, “no ha existido delito alguno”.
  • En este caso las responsabilidades civiles seguirían vigentes y queramos o no, siempre es un alivio que el delincuente pague la correspondiente factura económica por sus fechorías.
  • ¡Hay que ver lo que hace internet y sus redes sociales!. Justo lo que no hacen los políticos de carne y hueso.

AMNISTÍA, INDULTO, PERDÓN

Un breve apunte

Amnistía

Podemos entender por Amnistía el perdón que otorga un Gobierno a una persona, preso o no, o bien a un grupo de personas.

En Derecho Internacional, o más bien en su jurisprudencia, esa concesión se ve limitada de manera que la Amnistía no se podrá otorgar en aquellos supuestos en los que se hayan violado los DD.HH, tales como, genocidio, desapariciones forzadas, de lesa humanidad o violaciones graves de los Derechos Humanos –Teodoro Obiang Nguema y muchos de sus compinches o colaboradores de dentro y fuera están hasta las cejas, involucrados por activa o pasiva en la comisión de aquellos delitos.

Esta lógica limitación es consecuencia de la imposibilidad de dejar a las víctimas o familiares sin recursos legales para la investigación, detención y, en su caso, condena de aquellos delitos cometidos contra la ciudadanía.

De no existir esta limitación en el Derecho internacional, cualquier Sátrapa podría hacer y deshacer lo que le venga en gana en el país que gobierna y, en su día, pasearse por las calles delante de sus víctimas, o familiares de éstas, sin más problemas.

La Amnistía tiende a que las sociedades se olviden por completo  de los  delincuentes, incluso de sus responsabilidades civiles. Es algo así como decir “aquí no ha pasado nada“, “no ha existido delito alguno”.

Es muy típica para los delincuentes políticos o financieros, éstos últimos íntimamente ligados a aquellos. En definitiva, las amnistías en general representan una corrupción más de las conocidas pero, en este caso, con cobertura legal compartida. Evidentemente no por los pueblos o personas afectadas.

Indulto

A diferencia de la Amnistía, supone que una persona ya condenada en firme por los tribunales pueda beneficiarse de un perdón total o parcial del gobierno de turno, siempre que concurran una serie de requisitos como podrían ser: la colaboración con la justicia en la persecución de otros delincuentes afines, pedir perdón en público, repatriación de fondos robados, compensaciones económicas, etc…

En este caso las responsabilidades civiles seguirían vigentes y queramos o no, siempre es un alivio que el delincuente pague la correspondiente factura económica por sus fechorías.

Perdón

Es un acto voluntario de una persona en virtud del cual el ofendido renuncia a llevar a cabo cualquier medida frente al que ha infringido la ofensa.

A diferencia del indulto o amnistía, el perdón es un acto único personal, lo que implica un acto propio, libre, no impuesto por nadie y menos por una institución pública o partido político alguno.

Finalmente, existe otra figura de “gracia”, que no es más que la perversión mezclada de todas las tres anteriores, que se denomina Inmunidad, que no hay que confundir con la que gozan los diplomáticos y determinados políticos como Jefes de Estado y demás afines protegidos por el derecho internacional, como ocurre con el cuerpo diplomático, o bien por las propias legislaciones nacionales (parlamentarios) con sus limitaciones.

La inmunidad representa una manera discrecional de otorgar privilegios a ciertos políticos o personas concretas por parte de determinados dirigentes políticos o de instituciones afines dirigidas y orquestadas por aquellos de tal suerte que el agraciado no solo sale inmune de la comisión de cualquier delito cometido, sea de la magnitud que sea, sino que se le premia con prebendas económicas  o de cualquier otra índole para su mayor gloria en la vida terrenal. El último caso que se está viviendo con total descaro y aprobación por parte de la Comunidad Internacional es el del camuflado golpe de estado orquestado por Mnangagwa, el cocodrilo, autoproclamado Jefe de Estado de Zinmbabwe, a favor de su predecesor Robert Mugabe, uno de tantos dictadores del Continente Africano, junto con otros  bien conocidos por todos que todavía colean, aunque bien es cierto que van quedando menos y los pueblos de África han empezado a despertar y luchan, incluso en las calles, para no repetir las mismas tenebrosas historias del pasado reciente. ¡Hay que ver lo que hace internet y sus redes sociales!. Justo lo que no hacen los políticos de carne y hueso.

Este tipo de inmunidades concedidas a espaldas del pueblo representa una perversión del sistema de libertades y protección de los derechos de la ciudadanía otorgados por la Comunidad Internacional, quien, actuando en contra de sus propios principios y jurisprudencia, mira para otro lado en momentos en los que más se la necesita para la defensa de aquellos pueblos que, todavía, siguen creyendo en aquella como fuente de salvación. ¡Ilusos!

Si como hemos dicho, la Amnistía, el Indulto o la Inmunidad son actos discrecionales de los Gobiernos a favor de grupos o de personas individuales, y el Perdón representa un acto personal propio…, me pregunto:

¿Qué hacen determinados partidos políticos de la oposición o sus cabecillas de Guinea Ecuatorial tendiendo la mano al Dictador de vez en cuando y ofreciendo el perdón en cualquiera de las formas que hemos descrito?. ¿Ostentan algún poder como gobernantes desde el exilio o interior del país?.

¿Cómo alguien de la oposición política puede prometer o siquiera proponer alguna de las medidas de gracia anteriormente citadas al Dictador, obstruyendo o dificultando así la libertad y libre decisión de ejercer los legítimos derechos de las víctimas o familiares o en cualquier caso de cualquier ciudadano? ¿Sin gobernar, ya empiezan a limitar derechos y obligaciones de los ciudadanos?. Con estas actitudes flaco favor se hace a la libertad y democracia de los pueblos de Guinea Ecuatorial.

Dejen que los ciudadanos –son mayores de edad– decidan qué hacer con sus vidas y mucho más cuando aquellas han sido cercenadas a lo largo de cuarenta años. Abandonen sus instintos patriarcales de guías protectores  –con dos ya ha habido suficiente.

Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho o facultad alguna a otorgar cualquier medida de gracia frente a los derechos individuales de las personas. Solo éstas, en el ejercicio de su libertad decidirán qué hacer y en qué momento acometer la defensa de sus derechos que en definitiva son los de todos los ciudadanos de bien, que afortunadamente son mayoría.

Que cómodo y gratuito sería matar a tu familia, violar a tu madre o hermanas, robar hasta dejarte en la mismísima calle, saquear el Estado para, pasados cuarenta años aquellos delincuentes se sienten en la misma mesa con las víctimas o sus familiares como si no hubiera pasado nada.

La solución pasa siempre por los Tribunales de Justicia y a partir de ahí se podrá hablar. Los culpables deben ser siempre castigados y las “gracias o misericordias” dejémoslas a las divinidades que ostentan el poder del perdón divino. Pero, ¡señores! estamos en la tierra con gente muy, muy mala a nuestro alrededor y lo que hay que hacer es atraparla y llevarla a los Tribunales para que tengan un juicio justo y puedan defenderse.  

En definitiva, cualquiera de las figuras que hemos comentado significan lo mismo: perdonar, y en algunos casos, incluso, se acompaña con premios. No obstante, la cuestión de fondo no es esa, sino ¿quien tiene el único y exclusivo derecho a perdonar?:

EL ofendido o víctima, o en su defecto sus familiares.

Así las cosas…, ¿qué va a hacer el Dictador de Guinea Ecuatorial: quizás aniquilar, masacrar a la ciudadanía, ya que aquella, en su mayoría, es víctima de tanto delito cometido; quizás, aguantar hasta el final para que nadie le juzgue?. Sólo los pueblos de Guinea Ecuatorial tienen la última palabra.  

El transeúnte 

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Redacción

Aunque el hogar haya sido devorado por la jungla –no por bárbaros salvajes, sino por los monstruos educados y refinados de la sociedad de consumo (cfr. Á. de Silva)–, desde estos ritmos proponemos una revolución: que cada uno se mire a sí mismo y, conocíendose, se acepte; y, aceptándose, se supere. El que quiera cambiar el mundo, que empiece por uno mismo.