Autoestima

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Autoestima

Autoestima no es valorarte a ti mismo porque hayas empezado a admirarte, o a ver lo bueno de ti mismo, o a descubrir que puedes o que tienes algo importante que aportar. Autoestima no es descubrir tus puntos fuertes, tus aptitudes y cualidades. Autoestima no es sentirte bien contigo mismo ni saber que eres útil o importante para los otros. Tampoco es que te quieran.

Autoestima es dejar de darle importancia a todas esas cosas y simple y sencillamente decidir amarte, decidir que vales, decidir aceptarte. 

Autoestima no es quererte por cómo eres, por lo que aportas, por lo que tienes o por lo que haces (aunque ayuda, cierto que ayuda). Autoestima es quererte porque sí, porque eliges amarte. Es una decisión personal, sencilla, libre y pura: un acto de amor que se da en un instante. No sucede esperando resultados, efectos, ni basándonos en condiciones. No está basado en otras realidades diferentes a nosotros. Autoestima es solo el acto de decir SI a sí mismo.

Me quiero. Porque sí. Me quiero porque me da la gana. Me quiero porque me quiero. Me sale de las narices quererme. Me elijo delante del espejo. 

De hecho, autoestima tiene más de verte a ti mismo defectuoso que de verte perfecto o radiante. La palabra autoestima tiene una parte ―oscura pero sana― de ver tus defectos y pecados, el mal que has realizado y los vacíos que has dejado. Tiene parte de criticarte a ti mismo para luego poder mejorar y perdonarte, de descubrir la nada que somos y el infierno que hay en nuestro corazón, pues solo si encontramos el vacio puede luego uno llenarse.

Autoestima tiene parte de reconocer que a veces nos sentimos mal con nosotros mismos y descubrir que somos inútiles, es decir, no somos objetos utilizables. También de descubrir que no me quiero del todo.

Esto es autoestima: aceptar de ti lo bueno y lo malo, y aceptar que no te aceptas siempre fácilmente, aceptar que aún no hemos llegado a ser nada comparado con lo que podemos llegar a ser, pero, aun así, emprender la loca aventura para alcanzarlo.

Autoestima es, demasiadas veces, conocer la pequeñez personal y aceptarse en lo malo para superarse. Después, por supuesto, volver a ver lo bueno, volver a la alegría y a enamorarnos de lo que somos. Porque siempre fuimos más bien que mal: siempre un bien infinito ante un mal que es vacío, sin más.

Lo reitero nuevamente: autoestima es decir SI a lo que somos por entero; y repetir el si mil y una veces para decirlo cada vez más hondo, más sincero y más cerca del amor pleno.

El amor hacia uno mismo no es un sentimiento, una forma de vida, una conducta ni un pensamiento. Es la decisión personal libre de aceptarse: tanto lo pequeño (en comparación) de lo que vemos en nuestra superficie, como la grandeza que somos en el fondo y junto todo lo infinito que podemos llegar a ser.

Nunca fue malo quererse, pues algunos han caído en ese cuento. Quererse y dejarse querer, es bueno en sí mismo porque es amarse y también porque es necesario para poder amar a los demás. Amar sin amor propio es imposible, sería un milagro. Sin embargo, invertir en nosotros para ser cada vez más grandes, es un camino posible que nos hace mejores y más capaces de hacer el bien a todo el que nos acompañe. Lo mejor de crecer es hacerlo juntos.

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Sobre el Autor
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JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudio psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.