Bajo tu piel

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Bajo tu piel

Estas palabras que siguen a continuación las escribí mirando a los ojos de un amigo enfermero, pero como el abrazo no mengua al repartirse, lo extiendo a cada uno de los soldados de la admirable vanguardia sanitaria que lucha, día y noche, para cuidar el regalo más sagrado que al hombre le ha sido dado: la vida:

Me cuelo bajo tu piel, amigo, y siento el aplastamiento. Derrumbado en la cama o en el sofá, sin fuerzas para levantarme o pensar, sólo puedo mover los ojos, que son la puerta del alma. A través de ellos descubro una rendija, por la que se filtra el tozudo y amable rayito que jamás desaparece, la fiel y susurrante luz que nunca ha dejado de calentarme ni en las más fieras tormentas. El silencio antes áspero, se vuelve ahora acogedor, y vibra en el fondo de mi corazón y en el centro de mi frente la voz cálida del Amor, las palabras amigas: 

“Gracias por tu lucha, tu preciosa lucha. Gracias por vendar tantos corazones dolientes. Gracias por sembrar esperanza limpia en tantas manos vacías. Gracias por exprimir todas tus venas, tu alma entera, sin escatimar. Gracias por llenar de Vida la Muerte. Gracias por respirar abrazando. Gracias por mantener el Mal a raya, el Mundo en pie. Gracias: te quiero.

Te quiero, y por ello no habrá instante en el que no me desangre contigo y contigo renazca: permanezca en tus labios la miel de que en este morir poco a poco, estamos juntos haciendo todo nuevo, sanándolo todo. 

Más pronto que tarde, sin retrasarse, nos sorprenderá una mañana clara, nos besará una dulce brisa de primavera, y tú y yo gozaremos juntos en abundancia, gustaremos la sabrosa paz de los héroes, de los magnánimos que no renunciaron jamás a su grandeza: el abrazo. 

Gracias: te quiero.

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Sobre el Autor
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B. Rodríguez

Borja Campos Rodríguez es estudiante y escritor. Cursa Ciencias de la Familia en Universálitas BLC.