Células de sentido

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Células de sentido

Ningún filósofo niega que exista un misterio ligado a las dos grandes transiciones que se dan en la historia de la humanidad: el origen del universo y el origen de la vida. La mayoría de los filósofos posee la suficiente clarividencia para añadir a estos un tercer misterio, ligado al mismo origen del hombre. En otras palabras, se construyó un tercer puente sobre un tercer abismo insondable en el momento en el que aparecieron en el mundo lo que llamamos entendimiento y lo que llamamos voluntad.

Chesterton, El hombre eterno.

Hoy he estado estudiando Biología con una alumna. Bio-logía es (del latín) el estudio de la vida. Hemos visto desde las partes de una célula hasta los aparatos orgánicos de nuestro cuerpo, pasando por cada órgano, cada uno de los sentidos y cada tejido. Hemos observado como ninguno de ellos, ninguna parte de nosotros y ni una sola de nuestras células se entiende hasta que no atendemos al fin para el cual están hechos y sirven. Las piedras, los metales, los gases y el resto de objetos físicos se entienden y distinguen simplemente con una sola descripción ―Cuarzo: mineral formado por la sílice, de fractura concoidea y brillo vítreo, incoloro en estado puro y de color variable según las sustancias con que esté mezclado, y tan duro que raya el acero―; pero cuando aparece la vida en la materia, ya nada se entiende sin conocer su fin, su función, aquello que busca y persigue.

¿Qué es el corazón? ¿Solo un conjunto de músculos, ventrículos y tabiques de color rojo oscuro? ¿No es aún más importante decir que su función es distribuir la sangre por el cuerpo? O ¿qué es un ribosoma? ¿Se entiende si decimos que es un orgánulo del citoplasma de una célula compuesto de agua, proteínas y ARN? Podemos entender qué es un orgánulo, una proteína y el ARN, pero siempre nos clamaría en la cabeza la pregunta de para qué son estos extraños ribosomas. ¡No están ahí sin más! sino por algo, o, mejor dicho, para algo.

Si así es cada una de nuestras células, mucho más nosotros en total: si desconocemos el sentido que tiene nuestra vida, nunca podremos llegar a conocernos, ni entendernos ni aceptarnos; todo parecería un absurdo frustrante e infumable.

¿Qué somos nosotros? ¿Somos un puñado de carne, huesos y nervios que responde a estímulos sin más, o hay algún fin trascendente que nos haga movernos y mejorar?

Desde que la vida aparece, aparece el sentido. Y cuando perdemos el sentido de la vida, perdemos la vida misma que hay en nosotros.

Pero también hay una buena conclusión, una buena noticia que podemos extraer de esto: está inscrito en cada célula, en cada partícula orgánica y en cada proteína de nuestro ADN que la vida tiene sentido, que nuestra vida tiene un sentido; solo debemos descubrirlo. Y esto es profundamente esperanzador.

La vida exige a todo individuo una contribución y depende del individuo descubrir en qué consiste (Viktor Frankl).

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Sobre el Autor
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JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudio psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.