CIUDAD: TORTOSA

La Virgen de la Cinta

CIUDAD

Bajo la presencia visible e invisible de la Santidad, a cuyo amparo espiritual nos adherimos desde el principio pese a nuestras imperfecciones temperamentales, llegamos a la Ciudad.

La llama del amor se mece en el presente de una vela andante; por esta Ciudad se camina por la historia del corazón de los hombres.

Desde el hospital de Tortosa se abraza una muralla y el peregrino se sonroja al pasar la vista por un cielo tímido, entre azul y blanco.

Allí quedan vestigios de tragedia y también de Victoria.

Tortosa fue reconstruida por el mismo tiempo, el tiempo de la historia de una de las ciudades más longevas del mundo.

Vean la primera de las tres crónicas del escritor norteamericano y premio Nobel de literatura Hemingway.

–Encima de nuestras cabezas en el cielo alto y sin nubes, flota tras flota de bombarderos volaban con estrépito sobre Tortosa. Cuando dejaron caer el súbito fragor de sus cargas, la pequeña ciudad junto al Ebro desapareció en una creciente nube de polvo amarillo.

Sentados en buena compañía hemos visto y leído lo que dice Hemingway expuesto en el refugio número 4, entre la calle sellada con su nombre y la confluencia de las calles San Blas y Cervantes, cerca del antiguo cine Fémina.

Allí forman la figura del triángulo, sentados tres caminantes, uno de ellos Gran Maestre Templario e Imperator de la Ciudad, expertísimo en el arte real de las catedrales, nos enseña esta ciudad.

Otro de los acompañantes de esa calle que llaman Cervantes, y que perfectamente podría haberse llamado Juan Luis Vives, uno de los mayores humanistas del mundo, sin ánimo de ofender a la industria Cervantina, nos comenta:

–Tortosa se levanta y resurge de sus propias cenizas, cual Ave Fénix, el pueblo catalán sabe unir el corazón y la cabeza en una hospitalidad sin precedentes.

El segundo acompañante porta de forma inconfesada la capa negra con la cruz blanca.

He estado en Tortosa, ciudad Templaria y he visto la bondad humana. El perdón y la misericordia hacia quienes intentaron destruirla es un guiño a lo más sagrado. La fuerza del Amor de su catedral, en honor a la Virgen de la Cinta, es imparable viviendo en su propia humildad.

Y a ese amor por la vida yo me abrazo, y siento a mi dueña como me mira, también encinta, cuando la entrego en la mano un hacha, por consejo de la mismísima equidad.

Ya no hay más que hablar cuando se hace ese regalo a una mujer del espíritu de Tortosa.

La vida fluye por sus gentes, por sus calles, el júbilo y el entusiasmo por vivir todos juntos, en el círculo de los íntimos es el santo y seña de la reconstrucción.

La Catedral de Tortosa es una joya de la humanidad, una reconciliación del hombre con el mundo.

Gracias a toda esta buena gente, a los dos anfitriones, y también a los dos escritores y su calle.

Confía en el tiempo que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades, Cervantes.

La sangre del mundo anima a nuestros corazones al intercambio. Solo en ti, Madre del Mundo, encontré la verdadera justicia manando a raudales de la fuente de tu vida.

Vuela alto Paloma Blanca, vuela hasta a Israel y deja mi espada junto a la virgen de Tortosa y el Gran Maestre.

Los tres afortunados:

         Joseph Mikael Martínez

          El amigo Jesús

          Kadan Navarro Yale

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Sobre el Autor

Kadan.Navarro

Kadan Navarro Yale. Escritor, profesor y productor de cine.