Conócete

Foto de DLC

Conócete

Conócete, acéptate, supérate

San Agustín de Hipona

El dolor y la desesperanza nublan nuestro corazón innumerables veces. Otras veces lo nublan el atracón de ocio y placeres que nos regalamos ingenuos pensando que sirve de algo poner parches para quitar un vacío. O el frenesí de esta sociedad modernita, modernita pero desquiciada, que hace que dejemos de ver quién realmente somos; o peor, quién hemos sido hasta ahora o quién podemos alcanzar a ser. Y, para colmo, casi nadie nos enseña a verlo. 

El conocimiento sobre nosotros mismos debería ser la primera asignatura obligatoria a impartir por los colegios ―si es que hubiera que impartir el conocimiento por asignaturas; siempre fragmentando, rompiendo, la inteligencia en cachitos inconexos, para que así nunca cante el dichoso gallo. Porque cantaría, no como ave de corral, sino como de ave fénix, que nos llamaría a todos a resucitar de nuestras cenizas en el cacareo por un nuevo amanecer.

Es que dicha asignatura es la clave para que relacionemos y aterricemos sobre suelo firme todos los demás conocimientos, junto con la filosofía ―o mejor aún, desde la filosofía―, en un nuevo y completo sistema coherente de conocimiento que unificaría todas las ciencias, potenciaría toda nuestra imaginación, desarrollaría nuestra intuición y, entonces sí: aprenderíamos algo.

Y es que dicha, y dichosa, asignatura es la única que nos habla, de una vez por todas, sobre nosotros mismos. También es la única que podríamos llevar inmediatamente a la práctica, porque la práctica somos nosotros. De hecho, es la única asignatura verdaderamente importante dentro de las fronteras de nuestro pequeño universo: ¿De qué nos sirve ganar el mundo entero si nuestra alma se pierde? En otras palabras: ¿de qué nos sirve poseerlo todo si al pararnos sentimos que no somos nada? De hecho, suele existir el contrario: personas que han conocido toda su grandeza en la mayor precariedad.

El hombre se realiza y es feliz amando. Pero no podemos amar a los demás sin amarnos antes a nosotros mismos, y no se ama lo que no se conoce, como no se da lo que no se tiene. Por eso tenemos que conocernos. Pero para ello hay que pararse. Y pararse… significa esperar… a que el tiempo ponga todo en su sitio y nos dé una respuesta. Desde luego, será La Respuesta, la más profunda de nuestro corazón y en primera persona: ¿quién soy?

La suerte es que tenemos el abrazo: el que espera no desespera si sabe abrazar (David Luengo Cruz). Y que siempre habrá personas más sabias que nosotros para ayudarnos.

Categoria: 

Sobre el Autor
Imagen de JC. Beato

JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudio psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.