Cuarentena y silencio

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Cuarentena y silencio

El silencio es el altavoz de la conciencia.

 

En esta cuarentena os invitamos a parar, a volver a la intimidad, a regresar a casa. No hablo de nuestra casa física, sino esa casa que es nuestra alma: volvamos a nosotros mismos.

¿Nunca habéis deseado que el mundo se paralice, que deje de avanzar, que se pare todo salvo nosotros? He aquí la gran ocasión: una oportunidad para ponernos al día con nosotros mismos. Ahora podemos contemplar nuestra vida, reflexionarla, aceptarla plenamente. ¿Nos aceptamos a nosotros mismos? ¿Aceptamos a los que nos rodean? ¿Aceptamos nuestras circunstancias?

La felicidad no consiste en que nos pasen cosas buenas, en intentar llenarnos y llenarnos con bienes materiales, con emociones, con personas o actividades. No consiste, ni siquiera, en proyectos o ilusiones (esto es consecuencia de), son realidades que terminan de enamorarnos y alegrarnos, pero no son causas. La felicidad consiste sencillamente en decidir aceptar plenamente todo lo que fue, lo que quizás será, pero, sobre todo, lo que es en el presente. La felicidad consiste en aceptar: aceptar nuestra vida y a las personas con quien convivimos, empezando nosotros mismos y por nuestro presente. De esta manera, llegará un día en el que, en todo lo que miremos aparezca el bien; y, si vemos algo malo, sabremos ver que de ese mal puede salir un bien mayor. Aceptar significa ver el lado bueno de las cosas y decir <<todo está bien>> o decir <<en toda realidad hay un gran bien>>. Y esa es la verdadera felicidad, pues aceptar es amar, y amar nos enamora y enamorarnos nos da alegría y permite la paz. 

Es gracias a esta felicidad, que podemos ―ahora sí― proyectarnos, ilusionarnos y planear como, no solo aceptar, sino ahora cambiar la realidad, mejorarla; pues, aunque es buena, hay fallos, problemas, males y debe ser mejorada, pero en este orden, pues, en resumidas cuentas, no daríamos abasto.

Sin embargo, en cuanto nos paramos, en cuanto el ruido y las distracciones de la sociedad frenética cesan y nos encontramos algo más confinados a la intimidad, nos ponemos de los nervios, nos frustramos o nos aburrimos profundamente: queremos salir corriendo. Parece que nos resulte insoportable estar con nosotros mismos: no nos amamos. Esto refleja cuánto nos falta aún por aceptar... 

Dejemos por un momento la actividad, gustemos el silencio y el aislamiento, volvámonos un poquito más profundos y aprendamos a contemplar. Como un sabio que se vierte en su celda de intimidad y soledad. Perdamos el miedo a hacer silencio, a tener vida interior.

Como describe Robert Sarah en La fuerza del silencio (23):

La humanidad tiene que adoptar alguna medida de resistencia ¿Qué será de nuestro mundo sino busca espacios de silencio? El reposo interior y la armonía solo pueden derivar del silencio: sin él no existe la vida. Los mayores misterios del mundo nacen y crecen en el silencio ¿Cómo se desarrolla la naturaleza? En el silencio absoluto. Un árbol crece en silencio y los manantiales de agua brotan del silencio de la tierra. El sol que se alza sobre la tierra, deslumbrante y grandioso, nos da calor en silencio. Lo extraordinario siempre es silencioso.

El niño crece en silencio en el vientre de su madre. Cuando un recién nacido duerme en la cuna, a sus padres les gusta mirarlo con la mirada, sin decir nada, para no despertarlo: es un espectáculo que solo se puede contemplar en silencio, maravillados ante el misterio del hombre en su pureza original.

Nunca el ruido fue más enriquecedor que el silencio. Pero tampoco el mundo exterior fue más interesante ni más grande que el interior: es fundamental aprender a amarnos. El ser humano es de esas realidades que es más grande por dentro que por fuera, ya que por dentro es infinito y encierra en lo profundo el secreto grandioso de su identidad personal.

Quizás nos paremos y cerremos los ojos por primera vez en mucho tiempo... y nos digamos asombrados "Anda, hola... Cuánto tiempo" descubriendo "Siempre había estado aquí y me había olvidado de mi". 

Coge un lápiz y un cuaderno para tu cuarentena, y escribe sobre lo primero que te interese, te apetezca o que te inquiete. Simplemente hazlo en silencio. Cuéntalo, descríbelo, reflexiona, analiza, comenta, expresa lo que crees, lo que quieres y lo que sientes, entiéndelo si puedes, relaciónalo contigo, con cómo estás y con tus circunstancias y saca conclusiones dirigidas a cómo mejorar tu vida o cómo aceptarla en relación a ese aspecto. Escribir es, a la vez un arte, una terapia y una gimnasia mental, quizás la mejor de todas. Escribiendo, pensando en el silencio se engrandece la vida interior y la actitud personal. Y otras veces (las mejores) se llega a gustar esa grandeza sin necesidad de escribir ni pensar siquiera: solo estando, existiendo callado, solo aceptando, contemplando la realidad. 

Hagamos clausura, hagamos silencio.

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Sobre el Autor
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JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudié psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.