Desde las estancias del sentimiento cuando huele el peligro

Cuadro de Raquel Luengo

Desde las estancias del sentimiento cuando huele el peligro

Vacío

 

La tinta desangra tristezas,

lloran las letras en tu suspirar;

¿qué escribes, niña, al que te dejó de amar?

Marchitan las flores del campo,

lloran los lirios en tu caminar;

¿dónde vas, niña, en el azul de tu mirar?

Se opacan los cielos,

lloran, gimen los vientos ventisca y sal;

¿qué lamentas, mi niña, a la extensidad del mar?

Pútrida

Desde el sentido de mi voz

clama mi alma el desconsuelo de la muerte lenta;

aquella que no te lleva al Cielo, sino a la tumba del yo.

Se quiere desangrar –esta alma mía, que llora– 

sin arañarse ni sajarse, sino con el grito de un amor

que necesita salir, vivir, nacer, sanar, crecer, ser, amar...

Y, este grito –esta lágrima al ayer, esta alma–

está encerrado en el frío –anterior al yo, posterior a la mediocridad–

y se sume, no sin pelear, al sueño de la helada...

Ya noto como se me caen los dedos,

azules, ahogados en tristeza.

Ya no se calientan cuidando el trabajo,

cuidando al hermano necesitado.

Ya no se construyen entre las llagas

de alimentar con la sangre

a los muertos de hambre.

Ahora soy yo, qué pronombre tan malvado,

la que me desgajo en mi propia tempestad nevada 

y muero –no de hambre:

de desprecio y soledad.

Bailar

Fluyen las notas como lágrimas,

de tus ojos a tu boca.

Tu cuerpo tiembla del frío,

que vibra en el dolor,

e inmoviliza tu sentir;

a la vez que se astilla

y se clava.

Rompiendo tus entrañas,

tu interior; desgarrándote

al son de una canción...

Mírate, viviendo en tu morir;

mientras bailas abrazada al sufrir

que toma cuerpo en la melodía.

No llores, déjalo fluir... irse.

–Nunca te había visto tan bella.

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Sobre el Autor
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T. Luengo

Estudiante de Primero de Bachillerato, amante de la buena música y de los rincones de luz.