Desde Regine Pernoud

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  • Ahí es donde anidan todas las semillas de la desunión, de la ruptura, de la negación personal y de la guerra, que tantas veces se instala entre el tú y el yo, destrozando siempre el nosotros.
  • Una de las mayores eruditas que han vivido en el siglo XX y que han luchado por la grandeza de los hombres, principalmente de la mujeres, es Regine Pernoud.
  • Algunas cosas habría que decir sobre la belleza que la comunicación entre hombre y mujer entraña, sobre la riqueza de este tipo de amistad.

Desde Regine Pernoud

Ese derecho romano que renace en el siglo XVII nada favorece a la mujer y al niño. Es un derecho monárquico, que no admite más que la autoridad de uno: el pater familiæ, padre, propietario, jefe de familia con un poder sagrado -sumo sacerdote en su casa- y prácticamente sin límites por lo que concierne a sus hijos y, prácticamente, a su mujer.

Regine Pernoud, ¿Qué es la Edad Media?

Decía Pedro Antonio Urbina, r.i.p., en esa maravillosa obra literaria que lleva por nombre Filocalía o Amor a la Belleza, decía que hablar con una persona, si realmente existe conversación, exige pensar en él amándole. Si realmente entendiéramos en toda su profundidad esas palabras jamás tendríamos problemas de comunicación, pero el caso es que los tenemos, sobre todo entre hombres y mujeres, por exceso o por defecto, y ahí es donde anidan todas las semillas de la desunión, de la ruptura, de la negación personal y de la guerra, que tantas veces se instala entre el tú y el yo, destrozando siempre el nosotros.

Hay libros asombrosos que nos hablan de esta comunicación, la comunicación entre hombre y mujer, la comunicación que realmente nos personaliza, es decir, nos realiza como seres personales: desde Persona de Julián Marías, hasta Mientras no tengamos rostro de Lewis, pasando por El amor o la fuerza del sino de Chesterton. O tantos otros. Y digo asombrosos porque, realmente, aprendemos la realidad del por qué y del cómo del ser humano. Una de las mayores eruditas que han vivido en el siglo XX y que han luchado por la grandeza de los hombres, principalmente de la mujeres, es Regine Pernoud: no sólo una grandísima comunicadora sino, sobre todo, una persona realmente inspirada por la verdad de la historia y la realidad de los seres humanos, como así lo hace en todos sus libros, aunque hoy os recomendamos Blanca de Castilla.

La comunicación entre personas es posible, precisamente, porque el ser personal tiene la característica de relacionarse, es uno de los atributos de la persona. De hecho, cuanto menos se relaciona una persona, menos persona es, y puede llegar incluso a producir taras en sí mismo importantes, dolorosas e insanas. Pero, además, la relación que más nos enriquece, que más nos personaliza no es la que tenemos entre sexos iguales, sino entre sexos distintos, entre varón y mujer. En ella se basa el auténtico progreso del ser humano, la realización personal, y es el único modo de mantener el mundo unido.

Si analizásemos los problemas que existen en el mundo entenderíamos que en ellos siempre hay –junto con otros elementos– un componente importantísimo de falta de comunicación: no entendemos las palabras, no entendemos los actos o los gestos, no nos entendemos ni a nosotros mismos...; incluso, a veces, ni siquiera queremos hacerlo. Partimos de un hecho equivocado: la razón, cuando deberíamos partir de un hecho consumado: el saludo.

Dos que se saludan está, realmente, consumando un abrazo, un gracias por estar aquí, y deberían basar todo inicio de relación justo en ese descubrimiento, que no es otra cosa más que haberse dado cuenta de algo tan sencillo como práctico: la belleza que existe en la otra persona y, por lo tanto, en él mismo. Es ahí, y sólo ahí, donde se fundamenta la creación de un nosotros; porque, de no existir el nosotros, el ser humano acabaría convertido en algo así como un esperpento, una repugnante caricatura de sí mismo, menos persona, menos hombre y jamás Dios.

Cierto es, no lo dudo, que justo la comunicación entre el varón y la mujer es la más compleja, la más difícil, pues interpela a todo nuestro ser, no sólo a la parte intelectiva o la sensible o a la enamoradisca..., sino a todo: por eso es la comunicación más personal que existe; dejando muy claro que la comunicación personal entre varón y mujer siempre es sexuada, es decir, entre sexos, aunque casi nunca sea sexual. De hecho, la comunicación sexual es una de los lenguajes que el hombre utiliza para comunicarse y crear un nosotros, pero, como todos los lenguajes, tiene su propia finalidad: el problema es que, en muchos casos, es el mismo hombre el que cambia la finalidad de las cosas, consiguiendo que éstas acaben perdiendo hasta el sentido de su existencia.

Algunas cosas habría que decir sobre la belleza que la comunicación entre hombre y mujer entraña, sobre la riqueza de este tipo de amistad, sobre los pasos, las formas y los detalles que exige, sobre la caricia, el abrazo y la mirada, sobre el respeto, los silencios y la armonía de los labios, pero no es hora hoy de ponerlo todo en palabras: otros días vendrán que realizarán el poema. Por cierto, también en la belleza que se da en esta comunicación existe eso que es necesario en cualquier aventura, en cualquier vida: el misterio.


Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.