El camino abierto

Foto de #davidluengocruz

El camino abierto

La puerta del autobús se abrió. Me tocó el aire limpio. Veía perfectamente un camino de tierra rodeado de hierba verde. Atravesado justo delante de la puerta, uno de esos arbolitos que se plantan en un hueco en la acera por orden de el ayuntamiento. 

Para colmo en estéreo sonaba London Grammar,  “Hell to the liars” justo en su punto cumbre.

Olvide al pasajero que se sentaba delante de mí y acabé con mi cabeza totalmente en su asiento mirando hacia afuera, fijamente como el toro al torero. 

Me bajo aquí.

Llamaré a mi familia para que se quede tranquila. Llevo móvil. Seguro que en este pueblo hay gente amable que puede acogerme para que pase la noche. Alguna viejecita que se sienta sola. 

Los pueblos aquí quedan muy cerca entre sí. Iría andando de uno a otro y buscaría trabajo en un bar. Esto está rodeado de vida. Puedo ahorrar e irme más lejos. Coger otro autobús y después un tren. Quien sabe si después un avión o algún barco barato. 

Quizás no encuentre dónde dormir ni que comer. Pues pasaré hambre. Dormiré en cualquier sitio resguardado, mi abrigo es largo y ya viene el buen tiempo. 

Olvidaré mi vida y empezaré otra. ¡Joder que fácil! Solo tengo que coger ese sendero, lo tengo ahí delante.

¿Y que pasa con Córdoba? Yo iba de camino allí... pues que se encargue otro si es que a alguien le importan mis empresas o las de otro.

Que me olviden, ya no existo. Me disolví frente a un escuálido arbolito. Me evaporé y me fundí con una nube blanca de esas que bajo el sol crea dibujos en el verde suelo del campo y las explanadas sin árboles. De esas nubes que te alivian después de que el sol te canse. Y desde allí vivo en paz observando todos los colores que nunca vi. Me he oxidado con sólo un soplo de ese aire y ahora soy abono. Olvidadme, porque yo no quiero recordar. Me perdí intentando que mi vida no me encontrara. Soy solo ojos mirando un camino de tierra. Algo de mis células debe pertenecer a esto por que me siento como cuando estas en el regazo de tu abuelo contándote como era tu madre de pequeña. 

Soy polen y ya no viajo en autobús, viajo en abeja.

Me he colgado de una ramita y ahora soy una hoja. Soy una niña pequeña que ve lo que mira.

Olvidé el asfalto en cantidades industriales. 

Quizá me inventaría un pasado exótico.

Diría que soy de Madrid, creo que el acento no es difícil de fingir. Sería increíble decir que soy de Cádiz pero... ese acento se me antoja más puro y si no paso entre cañaillas al menos un rato, no creo que consiga imitarlo.

A la gente de pueblo cualquier cosa le suena refinada.

Mis empresas... ¿que empresas?

¿Mis? ¿Y que tengo?…"

Se había cerrado la puerta y ni si quiera me había enterado. En un instante ya estaba a las puertas de mi Córdoba. El amor maternal de mi vida. ¡Que ciudad! 

¿Me arrepentí de no haberme bajado del autobús en aquel camino abierto? 

Me arrepiento más de no haber llegado al final de tantos caminos empezados....

Llegue a mi Córdoba. Bajé a la realidad por aquella puerta del autobús. 

Tenía que dirigirme hacia la derecha y cruzar por la esquina en la que está ese bar.

Qué bien que me queda mi Córdoba. 

Cruce a la izquierda y he descubierto un pequeño parque; me da igual si es bonito o feo, lo importante es que no lo había visto antes.

Es lo que tiene estar empeñada en huir cuando ves el camino abierto.

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Sobre el Autor

S. Herrera

Sara Herrero Caballero, española, natural de Lucena, es escritora y humanista. Le encanta el arte: el dibujo, la música, la moda... Disfruta con la buena conversación y la buena lectura.