El fallido golpe de estado

Cataluña
Destacados: 
  • Piensan los políticos que la tienen más grande que todos los demás ciudadanos, y hacen y deshacen a su antojo cualquier sentimiento patriótico, humano o divino.
  • Parece ser que la única forma que ven los políticos de arreglar las cosas es a base de perder territorios españoles y guerras civiles, al fin y al cabo los territorios perdidos les ayudan a llegar sus bolsillos y las guerras civiles las luchan otros.
  • Asolar: arruinar y destruir por completo un territorio…, de manera que no quede nada en pie (R.A.E.).

El fallido golpe de estado

Si queréis que las instituciones se conserven ilesas, haced que las creencias se desvanezcan sin cesar.

G. K. Chesterton. Ortodoxia.

Piensan los políticos que la tienen más grande que todos los demás ciudadanos, y hacen y deshacen a su antojo cualquier sentimiento patriótico, humano o divino.

Otros ciudadanos, que no son políticos y, por lo tanto, no tienen esa cuota de poder, piensan que en este mundo todo va de economía y poder, y el poder gracias al dinero.

Otras personejas –llamarles ciudadanos sería ofensivo– piensan que lo único importante que existe en este mundo lleva su nombre y ante él tendrían que doblarse toda rodilla, así en la Tierra como en el Cielo…, no en el Infierno, pues ahí ya les dan suficientemente por salva sea la parte.

Un ejemplo claro es lo que ha pasado durante los últimos cuarenta años en ese rincón de España que se llama Cataluña –fíjate si es patriótica que hasta gasta “ñ”–. Qué curiosa es la mentira: una región, cuyos políticos han robado a todos los españoles tanto dinero que hasta ellos mismos están asustados, se ha convertido –gracias a una propaganda neonazi goebleliana– en la mismísima Mordor, uniendo sus lazos con los postulados etarras, aunque sin ninguna historia real: lo suyo es mero sentimentalismo. Y todo para ocultar los desmanes cometidos por sus lugartenientes: los nazgul.

La comunidad de los nueve ha intentado dar un golpe de estado, saltándose toda la legislación vigente, es decir, todo aquello que valida el sistema democrático. Han soltado a sus perros de la guerra que, a ejemplo de los radicales islámicos, utilizan a los ignorantes para ponerles en primera línea de batalla a ver si consiguen sus fines autoritarios y lunáticos. Como no tenían armas –como Tejero–, han utilizado personas.

¿Y qué hace el partido en el poder? Ayudar a que España se desmorone. Parece ser que la única forma que ven los políticos de arreglar las cosas es a base de perder territorios españoles y guerras civiles, al fin y al cabo los territorios perdidos les ayudan a llenar sus bolsillos y las guerras civiles las luchan otros.

No obstante, conociendo un poco la Historia, hemos de reconocer que España se fundó como una Nación Católica, con planteamientos cristianos y valores cristianos, y dudamos mucho de que, en el mundo que corre, alguien quiera seguir manteniéndolos. Occidente se ha vuelto ateo, para conservar sus instituciones, y uno de los mayores males de no creer en Dios no es que no creas en nada… sino que acabas creyéndotelo todo.

Asolar: arruinar y destruir por completo un territorio…, de manera que no quede nada en pie (R.A.E.). El mal que asola España es mucho más profundo, mucho más inteligente y mucho más demoníaco que lo que a simple vista aparece. Más les valiera a los hombres de esta generación luchar por lo que une, porque perderlo es el camino que conduce más rápido a la guerra.


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Aunque el hogar haya sido devorado por la jungla –no por bárbaros salvajes, sino por los monstruos educados y refinados de la sociedad de consumo (cfr. Á. de Silva)–, desde estos ritmos proponemos una revolución: que cada uno se mire a sí mismo y, conocíendose, se acepte; y, aceptándose, se supere. El que quiera cambiar el mundo, que empiece por uno mismo.