El Palacio de Cristal

Foto de David LC

El Palacio de Cristal

Venía el reflejo del sol de poniente bailando sobre el agua del Manzanares. Hacía frío, y una incesante brisa jugueteaba con las hojas enfriándonos los tobillos. Caminábamos después de horas y horas aventurándonos entre las calles de Madrid, llenas de poesía en los balcones floreados, las sonrisas curiosas en los alféizares, los viandantes, las volutas y los marcos de las fachadas... Los contrastes, la luz mágica del Otoño, llena de sabor a castañas asadas, a tostadas con queso y membrillo, a tonos rojizos, parduzcos y ambarinos, a destellos en el polvo del aire... 

Nuestros pasos nos habían dirigido a El Retiro para el final de aquel maravilloso día. Quizá estábamos tan inmersos en la conversación, en los ojos del otro, y en el atardecer dorado y cobrizo, que nos dejamos guiar por el murmullo del agua y el fluir de la gente. De pronto, nos vimos contemplando los delicados movimientos de aquel cristal hilado con acero y el estanque a sus pies. No pudimos menos que quedarnos sin aliento. Te miré suplicante, me sonreíste, asentiste con los ojos y entramos en el Palacio de Cristal.

Era como una sala de baile, y nosotros seguíamos el son de las flores de miel que entraban por los ventanales, brillando el exterior, perfilando nuestras almas y desbordándonos dentro. ¿Y, ahora?. Tomaste mi mano, y mi corazón palpitó más fuerte de lo que ya lo hacía... -qué tontería, ¿verdad?.

Me acercaste y me acariciaste la mejilla, pero no me besaste -gracias por ello, lo único que anhelaba era ver todo el amor y la felicidad de tu mirada viéndome-. Me giraste con un suave movimiento de muñeca. Y suspiraste: deberíamos volver ya... 

Nada podrá robarme la sonrisa de ese día, ni el recuerdo de los silencios que compartimos. Puede que sea, ciertamente, una romántica, pero ¿quién podría resistirse a decir que el Amor, la Luz y el Camino estaban acompañándonos? Sé que tú no pudiste.

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Sobre el Autor
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T. Luengo

Estudiante de Primero de Bachillerato, amante de la buena música y de los rincones de luz.