El secreto del éxito

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El secreto del éxito 

Oh hombre, conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los Dioses.

Tales de Mileto, Oráculo de Delfos

La gente (y yo a mi pesar muchas veces) necesita constantemente garantías, resultados y seguridades. No confían en los genios pues no conocen, como sí estos, el secreto del éxito.

¿Y cuál es el secreto del éxito? El mismo secreto que siempre tuvo la vida y que habitaba en los poemas como en los cuentos: el amor. Amar mucho algo: lo que se llama "pasión".

Pasión es amor con esfuerzo, amar enamorado a pesar del sufrimiento. Amar desde dentro y no impulsado por el sentimiento. Amar al rojo vivo, un amor probado al fuego. Un amor radical, como si nos fuera la vida en ello.

Dicen que el camino de la pasión es el más duro pero el más fructífero y el más gratificante. Pero no es tan, tan difícil. Lo difícil quizás sea que amar es elegir y elegir significa escoger un camino, lo cual implica renunciar a todos lo demás. Pero una vez que lo dejas casi todo por ese “casi”, ya está hecho…, y descubrimos en él una perla preciosa. Amar con pasión es dejar de amar muchas cosas (como aquello que los demás quieren que escojamos) para amar más nuestra vocación personal. En definitiva, ser auténtico, desarrollar la personalidad. 

Además todos lo llevamos dentro desde el principio. La pasión es amar como aman los niños, como un corazón en carne viva, pero conociendo ya qué sentido posee nuestra vida. Los niños, inconscientes, aman a todos, lo aceptan todo, empatizan mucho, van hacia todas direcciones...; el adulto apasionado ama igual, con la misma fuerza, pero ha encontrado su quicio, su lugar en el mundo y está por fin mucho más centrado: sabe donde orientar su amor, su pasión, con garrote y decisión. Tiene ilusiones, sueños, propósitos y una vocación. 

¿Cuál es el secreto para desarrollar la pasión? Orientarse: tomar posesión de uno mismo, entrar en la crisis existencial y tomar decisiones importantes basadas en lo que nos diga nuestra intuición (nuestro corazón) y en el conocimiento que tengamos sobre nosotros mismos: saber quienes somos, aceptarnos; y emprender el camino de nuestra vida sin ese horrible miedo a vivir que tantas veces aprendemos. 

Dos son los enemigos principales: el dolor y el miedo. El dolor existencial es bueno porque forma parte de una catarsis que nos sana. El miedo paraliza, pero se vence identificándolo y rindiéndose: aceptando con humildad que nuestra realidad es insegura, que no podemos controlarlo todo. De hecho, no podemos controlar casi nada. 

Por eso, proponemos que cada uno se encuentre consigo mismo en su corazón, reconociéndose a la vez en el de "el otro", especialmente en el de aquellos a quienes amamos y son mejores que nosotros. Somos seres sociales, no solitarios, por lo que solo podremos terminar de reconocernos en el prójimo. 

Decía san Agustín de Hipona el que ahora es nuestro lema: conócete, acéptate, supérate. 

Por último, saber que la pasión no es sólo amor, sino amar al ser amado. Nuestra pasión no es sólo dar sino también recibir, porque la pasión en sí es un don, un regalo que nos ha sido dado para sentirnos en ella profundamente amados y enamorados. Por eso es, ante todo, un redescubriendo, un encuentro con uno mismo en una "conversión" interior (con-vertere: verterse dentro) como un viaje hacia nuestro "yo". Encontrar qué don somos para, así, volvernos más "yo" y menos "circunstancias"; más libres e independientes y menos esclavos; más trascendentes, universales y auténticos y menos superficiales y mediocres; más inteligentes, objetivos, intuitivos y creativos, y menos parciales y subjetivos; menos egoístas y pusilánimes y más magnánimos y amantes.

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Sobre el Autor
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JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudié psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.