Golpe de Estado

Viriato, traicionado por sus generales

Golpe de Estado

Otra vez lo han vuelto a hacer, igual que en el 34, las izquierdas “españolas” han vuelto a dar el golpe de estado, pero esta vez a lo Hitler, aprovechando la coyuntura social; para estos elementos sus fines justifican cualquier medio a utilizar –nunca han existido las casualidades.

De un plumazo han eliminado la separación de poderes real, la institucional hace tiempo que ya ni existía. Hasta han eliminado del panorama la única Institución que ayudaba de veras al hombre: la Iglesia. Y la Iglesia, sometiéndose a los poderes terrenales –en lugar de hacer caso a Dios–, les está siguiendo el juego, con su cabeza en primer lugar (con Roma, hace dos mil años, al menos existían las catacumbas, al menos la Iglesia siguió siendo libre).

De la noche a la mañana han instaurado un régimen comunista bolivariano, bajo la protección de cierta parte del islam, y ayudados, como siempre, por sus amigos franceses, aunque esta vez más indirectamente, más internacionalmente. Después de emponzoñar con su confusión moral y sus payasos de feria haciendo propaganda progresista nuestra sociedad durante más de cuarenta años, han conseguido encerrarnos a todos en nuestras casas, eliminar la competencia política y hacerse ellos con un país que hace agua por todos lados. Veremos a ver ahora cómo lo destruyen del todo, o lo intentan.

Eso es lo que siempre le pasa a esta sociedad hispana, ya incluso antes de serlo –como con Viriato–: no necesitamos que vengan de fuera a hundirnos, siempre hemos tenido al puto enemigo dentro. Cuando vienen de fuera es cuando nos levantamos en armas y les expulsamos a todos, como con el islam em el siglo octavo, o como con los franceses en el siglo diecinueve, o como con los soviéticos en el veinte.

La sociedad en la que vivíamos era terriblemente tóxica, moralmente gris, vitalmente muerta…, ahora intentarán controlar hasta lo que pensamos. Se están cargando nuestros principios uno a uno, empezaron por el amor, siguieron por la vida…, solo les resta nuestra libertad. Y si alguien piensa que esto va a ir a mejor…, que Dios le pille confesado. Estamos asistiendo al final de los tiempos, al menos del tiempo tal y como lo hemos conocido los hombres hasta ahora. Y una cosa es totalmente clara: todos vamos a morir.

Quizá ahora, cuando parece que nada puede ir a peor, empiecen a movilizarse aquellos que aún se pueden denominar hombres, aquellos que siempre surgen cuando la tormenta arrecia, aquellos que siempre han sido los únicos que han podido ayudar a Cristo a llevar la Cruz: de nuevo ha llegado el tiempo de los cirineos.


Sobre el Autor
Imagen de Redacción

Redacción

Aunque el hogar haya sido devorado por la jungla –no por bárbaros salvajes, sino por los monstruos educados y refinados de la sociedad de consumo (cfr. Á. de Silva)–, desde estos ritmos proponemos una revolución: que cada uno se mire a sí mismo y, conocíendose, se acepte; y, aceptándose, se supere. El que quiera cambiar el mundo, que empiece por uno mismo.