Inmaculada

Milagro de Empel
Destacados: 
  • La grandeza del hombre radica –de raíz– en el poder que le ha sido conferido por el amor.
  • La única religión existente que habla de esta realidad es el Cristianismo.
  • El magnánica se sabe únicamente siervo de Dios.

Inmaculada

Patrona de España

¿Amas la tierra? Serás tierra. ¿Amas a Dios? Dios serás.

DLC

La grandeza del hombre radica –de raíz– en el poder que le ha sido conferido por el amor –el hombre puede convertirse en aquello que ame–; pero el amor, que hace que el hombre sea tal, sólo ha sido posible gracias a la libertad; por lo tanto, podríamos decir que la grandeza del hombre radica en su libertad: la libertad nos iguala a Dios y nos hace, así, semejantes los unos a los otros. Esta grandeza que el hombre lleva en sí hace que, incluso, y en clave de ese amor, el hombre pueda sanar y sanarse, haciéndose profundamente enorme.

Curiosamente, la única religión existente que habla de esta realidad, que asemeja a todos los hombres y los hermana, aboliendo la esclavitud, aniquilando las diferencias, respetando la integridad de cada uno…, es decir, elevando la libertad a valor universal es el Cristianismo…: aunque más que una religión es una revelación, y como tal lo logra cuando como tal actúa.

El cristiano no es aquel que sigue las ordenanzas de un libro sagrado, ni las normas de unos hombres elevados a portadores de los deseos de Dios…: el cristiano es aquel que ha decidido aceptar a Cristo como Dios para, en Él, llegar a serlo única y exclusivamente por la gracia del Amor. El cristiano es aquel que ha decidido aceptar la revelación trinitaria e introducirse en la misma intimidad de Dios, asumiendo la verdad de su ser, de su origen y de su finalidad. El cristiano, por derecho, por entrega y por amor, es una mujer… y se llama María de Nazaret.

Quizá por eso la Inmaculada tuvo el papel tan importante en España, quizá por eso España respondió a la Inmaculada de la forma y manera que respondió, quizá es eso lo que España debiera de nuevo hacer para eliminar la costra de corrupción, mediocridad y cobardía que vive en su ser: expandir la libertad por los cuatro puntos cardinales… pero, primero, empezar por recuperar la libertad que brilla por su ausencia en su propia Casa.

La Inmaculada tiene el secreto del éxito, que no es otro sino la característica propia del cristiano: la magnanimidad, ese compromiso que el espíritu voluntariamente se impone de tender a lo sublime.

Magnánimo es aquel que se cree llamado o capaz de aspirar a lo extraordinario y se hace digno de ello. El magnánimo es en cierto modo caprichoso; no se deja distraer por cualquier cosa, sino que se dedica únicamente a lo grande, que es lo que él le va. El magnánimo tiene sobre todo una sensibilidad despierta para ver donde está el honor. El magnánimo no se inmuta por una deshonra injusta, la considera sencillamente indigna de su atención. Acostumbra a mirar con desprecio a los seres de ánimo mezquino; y nunca es capaz de considerar que exista alguien tan alto que sea merecedor de que, por miramiento a él, se cometa algo deshonesto.

Características del magnánimo son la sinceridad y la honradez. Nada le es tan ajeno como callar la verdad por miedo. El magnánimo evita como la peste, la adulación y las posturas retorcidas. No se queja, pues su corazón no permite que se le asedie con un mal externo cualquiera. La magnanimidad implica una fuerte e inquebrantable esperanza, una confianza casi provocativa y la calma perfecta de un corazón sin miedo. No se deja rendir por la confusión cuando ésta ronda el espíritu, ni se esclaviza ante nadie, y sobre todo no se doblega ante el destino: únicamente es siervo de Dios.

J. Pieper, Las virtudes fundamentales.


Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.