Introito entre musgos resecos

Foto de Teresa Luengo

INTROITO

ENTRE MUSGOS RESECOS

La evanescencia se vertió por entre los sauces llorones. El incomprendido acercó el pañuelo a su nariz y descargó con furia lo que le producía malestar: ¡ya era bastante con todo lo demás como para –actuando de guinda– tener inservible el sentido que él consideraba insustancial!

Los líquenes se superponían; el iracundo maldecía encima de ellos…; y, sin embargo, las viejas historias, aunque pasen rápido, nunca mueren. Por eso Dios no muere, porque es la historia más vieja…; o porque Dios no muere, lo otro tampoco.

De entre la arena surgió el gusano babeando saliva verde y espumosa; y una babosa, que paseaba por aquel lugar, pasó por encima de él. Iba dejando un reguero de baba allí por donde se deslizaba y, de vez en cuando, volvía la vista atrás y se decía: “bien, ahora sé que dejaré mi impronta en la historia”.

Si quieres la fusión,

si te embarga el ser

cuerpo a cuerpo,

corta la cuerda aquí

–espíritu en trébol rojo–.

Acuéstate amor:

dulce instante

cuando venga el ángel.

Él es el que sella

–mejor,

abre en su obediencia–

la puerta:

tu nombre ha mencionado.

Cuando oigas el cuento de labios del insatisfecho no llores, ríe; y en la desacreditación de lo libertino no busques otra razón que la que te dicta el sentido común: su propio común sentido.

Ya caen las espirales al suelo, aunque alguien mencionó que eran las hojas las que caían, mas..., ¿cuándo se ha visto caer una hoja, sino una espiral, o una parábola, o...? Son estas esencias las que atraen a las hojas, y no al revés. (Ya lo decía el incomprendido: “siempre quieren que diga todo al revés”)

Por fin guardó el pañuelo (creí que me iba a quedar sordo con tanto ruido); además, todo bostezaba ya, era la hora. El incomprendido dejó volar sus razones..., y ahora es el incomprendido sin razones. Pero te puedo prometer que me esfuerzo por comprenderle.

El estrambótico suceso dio dos vueltas más y acabó por crecerse en su ignorancia... En fin, no se puede pedir todo: algunos dicen que sí, pero yo digo que no, pues aunque lo pidas no se puede pedir, porque es absurdo, es como imaginarse la nada... absurdo.

Primera entrega del libro "El Oculto"

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Sobre el Autor
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D. Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.