La clase escondida

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  • En todas las puertas de las aulas hay unos carteles “monísimos” con el nombre de las clases. Menos en la mía. Mi clase, es la “clase escondida”.
  • Según me explicaron, los expertos en protocolo así lo aconsejaron, pues están demasiado afectados.

La clase escondida

Ya estamos en plena época de visitas. Casi todos los días, oímos la voz penetrante de la Orientadora del Centro que se acerca a nuestra aula, haciendo las labores de relaciones públicas. Es la encargada de enseñar a las posibles futuras familias de alumnos  y Cía (o sea, los habituales que acompañan a los atribulados padres, psicólogos, terapeutas, profesores de Pedagogía Terapéutica etc) las instalaciones del colegio y los servicios que se prestan en ellas. Lo hace bastante bien. La gente suele salir muy contenta, a pesar de lo “duro” que resulta dar el paso de llevar a un hijo a un centro de Educación Especial (muchas veces supone el primer reconocimiento de que tienes un niño “diferente”). Está convertida en una auténtica profesional, pero… ¡Siempre hay un pero!

En todas las puertas de las aulas hay unos carteles “monísimos” con el nombre de las clases. Menos en la mía. Mi clase es la “clase escondida”. Nunca nos visita nadie. Cuando vienen políticos, a  mis alumnos se les “esconde”. Si, lector, no te has equivocado al leer el anterior renglón, se les oculta. Según me explicaron, los expertos en protocolo así lo aconsejaron, pues están demasiado afectados. ¡Mis maravillosos chicos!

A veces, me entran ganas de salir a la puerta e invitar pasar a las visitas, porque es como si fuesen invisibles. Como si se les negase el valor tan grande que tienen… y luego, me olvido, pues estoy más interesada en atenderles en ese momento concreto, que meterme en una “guerra” a la que hay que dedicarle un tiempo que no tengo. Prefiero gastar mis neuronas en pensar en cómo enseñarles.

De nada sirve que nos compren material y nos mimen de mil maneras el Equipo Directivo, si se les niega el elemental derecho a existir como alumnos del centro. ¡No sé como habiéndome demostrado mil veces su valor cómo guías del cole tienen perdido el norte en este punto!

Cualquier día me harto y pongo un cartel en la puerta con algún mensaje interesante, del tipo

“Aquí, los ocultados”

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