La Cocina de María Luisa

Foto de Dewi L.C.
Destacados: 
  • La cocina, y todo lo que conlleva, es una de las más bellas artes que el hombre ha conquistado.
  • Entrar en su cocina es como entrar en su corazón, que es su casa.
  • Cómo se puede trabajar la cocina tradicional de tal forma que la eleves al cielo de la alta cocina sin perder la tierra de la que procede.
  • Todos los sentidos quedaron confortados por aquella intensa y placentera vivencia, dejando el corazón reposado y en paz.

La Cocina de María Luisa

"Sin la mujer, la vida es pura prosa". Rubén Darío.

Desde que viera la luz en 1987 la inigualable película “El festín de Babette” –que surge, cómo no, de un breve relato de la magnífica Isak Dinesen (Karen Blixen)–, tengo la costumbre de volver a verla cada nuevo año, para no olvidar nunca que la cocina, y todo lo que conlleva, es una de las más bellas artes que el hombre ha conquistado: la belleza, el placer y la paz que se pueden llegar a alcanzar a través de ella difícilmente pueden alcanzarse con otras. Pero ahí se quedaba todo, en una película, ficción al fin y al cabo, en donde la catarsis duraba ciento dos minutos.

Sin embargo, este dos mil quince ha llegado con un regalo espléndido, justo el día de mi cumpleaños, el nueve de enero, a la hora de comer: por fin he encontrado a mi Babette. Aunque, como es española –castellano leonesa–, alcanza unas cuotas de singularidad y de creatividad mucho más profundas, mucho más reales: María Luisa.

Entrar en su cocina es como entrar en su corazón, que es su casa, donde el abrazo, la virtud, el trabajo bien hecho y la belleza que muestra en cada acto convierten cada detalle en algo tan sublime y tan sencillo como la familia: es como estar oyendo a tu madre decirte lo mucho que te quiere mientras te acaricia el pelo y te besa la mejilla. Algo así como lo que sintió Anton Ego al probar la deliciosa ratatouille que le preparó Rémy.

Nada más llegar a esa santa casa me sorprendieron con la amabilidad de un servicio trabajado y sincero: magnífico Pedro, el perfecto maître. Y, cerrando el círculo, Julia y Rosa: bueno el trabajo, justas las palabras, inmejorables las formas.

Al sentarme acudió María Luisa, con una de esas sonrisas que te dicen a la cara: te voy a abrazar. Y, entre saludos y detalles, me sugirió un champagne para la velada, y eso que ni siquiera sabía que cumplía años ese día su comensal. Lo asombroso estuvo, de nuevo, en la elección escogida: el Mistinguett Brut Nature, realizado al método tradicional, en su perfecto estado de burbujas en columna salomónica que no pierde danza ni compás al degustarlo: un excelente cava blanco catalán. Para acompañarlo, y de aperitivo, la crema de espárragos y la morcilla de Burgos con puré de manzana, deliciosa la primera y perfectamente planchada la segunda.

La comida la eligió María Luisa, pues donde hay patrón no manda marinero, y para ser feliz de veras has de aprender a dejar que te quieran y te lo demuestren: es ese amor no merecido el que más necesitamos, el que más nos sana. Y acertó de nuevo: sopa de trufa negra, manitas de cerdo rellenas y jabalí estofado. Entre la sopa y la carne otra delicia: delicia de acelga en salsa de trufa y setas: receta de su madre, la abuela, al toque del caramelo.

Calificar la sopa de increíble quizá sea algo suave..., mejor cantar. Buena… es poco. La trufa al dente, deliciosa y amante, el huevo escalfado, sin miedo, sin deshacerse. Me pareció todo un descubrimiento comprobar cómo se puede trabajar la cocina tradicional de tal forma que la eleves al cielo de la alta cocina sin perder la tierra de la que procede, consiguiendo así que unos manjares humanos sean también comida de dioses. La fusión entre España y Francia está tan bien cosida en las manos de María Luisa que casi ni sabes dónde comienza una y donde termina la otra, como en “el Beso” de Rodin, como en “Apolo y Dafne” de Bernini. Gustando esa sopa se descubre el cálido abrazo del cariño y el hogar en un invierno duro y desabrido.

El cava seguía bailando por mis rincones cuando apareció Rosa con las manitas de cerdo…, que para ser de cerdo me dieron una caricia que me quedé tonto. Muy bien han de estar cocinadas las manitas para que realmente me llamen la atención: con éstas sobraron las palabras.

Y después la caza: el jabalí estofado acompañado de puré de patata y trufa, otro de los grandes platos a los que María Luisa les sabe dar ese aire de fusión a lo latino. De haber un grupo de mujeres como ella, dispuestas de esta guisa a la consecución de la belleza, los franceses y los españoles irían de la mano y de la sonrisa, caminando juntos.

Para cerrar estos magníficos y suculentos bocados, me volvieron a sorprender con un baile de frutas gratinadas nadando en una fabulosa crema de vainilla, todo ello en su punto de calor. Y como quien no quiere la cosa, Pedro se descolgó por los ilusionantes páramos de la sorpresa sirviéndome un excelente Oban, magnífico whisky procedente de la localidad que le ha dado el nombre, “la pequeña bahía” en gaélico, precioso asentamiento en el fiordo de Lorn, con una hermosa bahía en forma de herradura protegida por la isla de Kerrera y la de Mull.

Así pues, magnífico regalo ese momento que María Luisa me ofreció en su Cocina. Desde la tranquila y relajante música –pensada para crear un ambiente de ilusión y realidades amables– hasta la decoración y la elección de los colores –de tierra, crema y algodón–: la músicoterapia y la pictoterapia son dos de los caminos más precisos para llegar al alma inquieta y sanar sus desvaríos y sus angustias; no digamos ya la terapia culinaria. Todos los sentidos quedaron confortados por aquella intensa y placentera vivencia, dejando el corazón reposado y en paz. Más tarde, cuando terminé la breve tertulia final con María Luisa, caminando de nuevo por el barrio de Salamanca, pensé en lo único que podía llegar a decirle a aquella mujer después de haber comprobado el magnífico y magnánimo arte de su hacer: gracias –así me había despedido minutos antes–. Volveremos.

Categoria: 

Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.