La nueva juventud

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  • Vamos a comentar qué es eso de las estadísticas y qué es eso de que los demás jóvenes europeos saben y los nuestros aún no han aprendido del todo.
  • Esas estadísticas dadoras de sabiduría, fuente de riquezas y casi, casi portadoras de la eterna juventud nos cuentan que nuestros jóvenes son los más imbéciles de toda Europa.
  • Sí, preferimos tener corazón.

La nueva juventud

Que cada perro lama sus heridas

Anónimo

En estos sistemas educativos en los que abundan los fantasmas con cadenas y desaparecen los maestros no es de extrañar que los pocos docentes íntegros que quedan brillen como faros en el mar tumultuoso de vacío y en la tierra seca de esperanza. Porque si el futuro son los niños nos los están corrompiendo día a día. Es normal que los adolescentes y los jóvenes abandonen sus estudios, la formación está falta de acólitos, y se ha llenado de sofistas.

Seguimos estando a la cola –según las estadísticas– de la educación en Europa (aunque bien podríamos decir en el culo –así nos pueden tachar de maleducados con más razón). Y ostentamos el primer puesto en tamaño lugar por el gran fracaso escolar que hay en España y porque nuestros jóvenes no tienen ni idea de nada –según siguen diciendo las odiosas estadísticas esas–, los jóvenes europeos saben más.

No vamos a defender aquí el sistema educativo español..., lo conocemos demasiado bien y sabemos quién lo desordena cada día –o lo ordena a sus intereses, que es lo mismo–, no, no hablaremos de eso. Vamos a comentar qué es eso de las estadísticas y qué es eso de que los demás jóvenes europeos saben y los nuestros aún no han aprendido del todo.

La estadística debería definirse como aquella necedad absoluta gracias a la cual todos los ignorantes creen saber algo, los pardillos se basan en ella para recetar pastillitas, los superinteligentes de la publicidad y el comercio la utilizan para sus macro comeduras de tarro, los periodistas dogmatizan opiniones y cualquier payaso puede usar para arrimar el ascua a su sartén y así freírse estupendamente los huevos.

Indudablemente, las estadísticas son superimportantes en el día de hoy, aún estamos preguntándonos cómo ha podido vivir la raza humana sin estadísticas tantísimos milenios –también nos lo preguntamos sobre los móviles, los semáforos, las trescientas bolsas de basura para reciclar, los sacapuntas y un montón de cosas más, pero de asuntos paranormales trataremos en otra ocasión.

Pues esas estadísticas dadoras de sabiduría, fuente de riquezas y casi, casi portadoras de la eterna juventud nos cuentan que nuestros jóvenes son los más imbéciles de toda Europa, y si hubiesen indagado un poco más nos dirían que del Mundo. Por eso es bueno aclarar qué es lo que saben los europeos de pro y los nuestros lo llevan en ciernes.

Empezando por lo que más les interesa a nuestros gobiernos, es decir, el sexo –sólo hay que ver las campañas que lanzan constantemente– hemos de comentar que los europeos nos ganan. Porque ellos y ellas comienzan a darle al tema desde los doce años, incluso en los sitios más desarrollados de Europa –que indudablemente no es España– hacen carreras para desvirgarse –o desflorarse, que dirían los cursis– el o la primero o primera. Son famosas las orgías que montan los más sabios al respecto, los escaparates de venta de carne de hembra o macho humano, la cantidad de familias rotas por estos temas y el aplastante desequilibrio mental al que han llegado todas estas sociedades hiperdesarrolladas e hiperinteligentes.

Como consecuencia de esto, y siguiendo la línea de todo lo que conocen estos sabios jóvenes europeos, el índice de niños asesinados en el hogar de su madre (el útero es el primer hogar que una madre proporciona a su hijo) ha subido de forma directamente proporcional a su excelsa sabiduría. Es impresionante la cantidad de ingenieros biológicos, bioquímicos, biomédicos, bionanotecnológicos y biodegradables que salen de estos asombrosos e inteligentísimos jóvenes europeos gracias a los cuales los increíbles descubrimientos nazis sobre la eugenesia, la manipulación de embriones, los distintos y variados tipos de fecundaciones alternativas al ven aquí cariño que me encanta recorrerte entera–, las clonaciones de seres humanosaún sólo el intento–, etc., se han convertido en logros asombrosos del progreso europeo.

Y qué decir de esos increíbles pensadores que han conseguido quitar cualquier tipo de ilusión en las personas pues hoy en día debemos rechazar todo lo anterior, lo anterior siempre es malo, está obsoleto, sobre todo si se trata de religión, más aún si tiene algo que ver con la Iglesia Católica. Esos estupendos jóvenes nos han librado de las absurdas supersticiones de nuestros abuelos sobre los pecados, las virtudes, los vicios y demás sandeces. Principalmente nos han enseñado que ya no hay nada que sea sagrado, ni siquiera los hombres. Rectificamos, hemos de decir que sí hay algo sagrado: su dinero y su poder.

En fin, todos estos sabios europeos nos han, y nos están conduciendo a una Europa donde reinan los políticos sabelotodo –que nos enseñan el camino bueno que debemos seguir–, donde el sacerdocio es ostentado por los psiquiatras –grandes cajunas de la salud mental–, y la formación está a cargo de seres con un cerebro desmesurado –que nos hablan de las virtudes del sexo, nos preparan para meterla y que nos la metan, nos dicen cómo matar sin que nos duela y cómo hacer dinerito pronto para triunfar así en el cielo como en la tierra–. Y si alguno de todos nosotros se encuentra mal y quiere identificarse con Dios nada más fácil que acudir al nuevo sacerdote y comulgar la nueva hostia sagrada: una pastilla de Prozac o una de Lexatil

En cuanto a nuestros jóvenes, que no están tan adelantados como los demás europeos hemos de decir que, después de haberles observado durante estos últimos veinte años, están haciendo esfuerzos ímprobos para llegar a la altura de la Unión Europea y no defraudar a nuestros mayores.

No obstante, desde aquí queremos dejar claro que nosotros preferimos y siempre preferiremos al resto, a esos pobres y paletos, nada desarrollados ni progresistas, enraizados aún en las tradiciones de sus abuelos gracias a las cuales aún siguen siendo fieles, leales y profundamente generosos, respetan la vida y la muerte, gustan de la siesta y de los labios que cuando dicen te quiero susurran para siempre. Sí, nos encanta participar de una juventud creativa, ilusionada y humana, aunque nos tachen de retrógrados y subnormales, aunque miles de estadísticas digan que estamos atrasados, aunque los nuevos ilustrados que hace tiempo nos quitaron la razón nos acosen constante e insidiosamente. Sí, preferimos tener corazón.


Sobre el Autor
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D. Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.