La Sartén, por el mango

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  • En aquel sábado gris, una nota de luz me acompañaba: mi hijo Gonzalo, el que tiene línea directa con la alegría.
  • Lo primero que me llamó la atención, y para bien, fue que el restaurante no tenía barreras arquitectónicas, además de contar con mucha facilidad de aparcamiento.
  • Aquel sábado gris se convirtió en el día hogareño, tranquilo y cálido que todo el mundo desea en el invierno.

La Sartén,

por el mango

Tres cosas hay en la vida: salud, trabajo y amor.

El que tenga estas tres cosas… que le dé gracias a Dios.

Rodolfo Sciammarella

El pasado sábado llovía y hacía frío a eso de la una de la tarde. Cogí el auto y me fui tranquilamente a Boadilla, para arribar a sus orillas, frente a la bandera de España, en la calle de Isabel II –esa reina de la que tantas mentiras se han dicho, y que tan denostada está por algunos que creen saber algo de historia de España: algún día habrá que hablar con sinceridad.

En aquel sábado gris, una nota de luz me acompañaba: mi hijo Gonzalo, el que tiene línea directa con la alegría. Y entre canción y canción llegamos a la casa de una bellísima persona, Miguel Ángel: hoy tendríamos ocasión de saber, además, lo buen profesional que es.

Lo primero que me llamó la atención, y para bien, fue que el restaurante no tenía barreras arquitectónicas, además de contar con mucha facilidad de aparcamiento: para los que tenemos alguna persona con silla de ruedas en la familia esto es algo fundamental y siempre suma puntos. Así pues, entramos tranquilamente en el local y, de repente, aquel sábado gris se convirtió en el día hogareño, tranquilo y cálido que todo el mundo desea en el invierno.

El restaurante está decorado como una auténtica casa castellana. Entre marrones, ocres y blanco hueso se pasea la mirada captando paz, armonía, y ese orden que no incomoda y a la vez coloca todo en su sitio. Una vez disfrutado de ese entorno –comedor, barra, parrilla y cocina– nos dirigimos al piso de abajo, que, siguiendo con el mismo estilo, introduce tres elementos ad hoc para hacer de esta casa algo muy bueno, a saber, la bodega, un precioso patio interior y un adecuado escenario para música en directo y otros divertidos eventos. En esta planta fue donde conocí a Maite, la esposa de M.A., alegre, trabajadora, preciosa.

Antes de subir, para continuar con nuestra aventura, tuve la oportunidad de saludar a Orlando, una de esas personas que pocos conocen y, sin embargo, sus manos sólo hablan el lenguaje del arte creativo, apasionado y bien hecho –como iba a descubrir momentos más tarde–. También tuve la oportunidad de saludar a Chaquira, su mano derecha.

Una vez arriba, nos acomodamos esquinados en la barra, y comenzamos por probar –para ir regando la terraza– le magnífico vermut Yzaguirre. Realmente, Miguel Ángel me había invitado para degustar unas tapas que Orlando creó para representar a La Sartén en el día de las tapas que se celebraba en Boadilla; y llegó el esperado momento: Orlando no me sorprendió con una, sino con tres… porque, como siempre sucede, las cosas buenas también llegan de tres en tres. No es fácil encontrar palabras adecuadas cuando quieres escribir sobre el arte de la cocina, sobre todo cuando ese arte logra pequeños manjares perfectamente equilibrados, sin embargo no seré yo quien obvie un reto como éste.

Vieira a la parrilla, sobre verduritas en tempura, abrazada por ceviche efervescente; servida sobre el detalle blanco de un plato barca, el camarero la abraza con el ceviche delante de tus ojos, produciéndose en el plato la explosión volcánica que da lugar a un humo fino, lleno de aromas crujientes que invaden tus papilas olfativas, mandándole a las gustativas el deseo de degustar aquel manjar. Así lo degustamos, con los ojos prometiendo bienes y recreando deseos. Sencilla la mezcla de texturas, agradable y gustosa: así como el ceviche llenaba de alegría la vista al servirlo, también llenó de sugerencias la boca al probarlo. Todo un descubrimiento. Y perfectamente elegido el maridaje con vermut.

Falsa oreo de Burgos –allí donde los pingüinos pasea con trenca a partir de estos días–. Rellena de brandada de bacalao, con un punto agridulce que le daba a la morcilla matices de postre inseguro y delicioso, gracias al toque dulce del chile. Interesantísimo unir las dos orillas del Atlántico sin olvidar a ese magnífico hijo de la sal. De nuevo arte descubierto.

Croquetas de pulpo…, así, sencillamente; pero excepcional la textura, impresionante el punto, de locura la diferencia de temperatura entre superficie e interior, como un volcán, cerrando el círculo de las tapas en una presentación atada, mimada y muy ilusionante. Enhorabuena, Miguel Ángel, enhorabuena Orlando, si lo que pronto descubriré en la carta sigue estos derroteros me encantará escribir el siguiente artículo sobre esta santa casa, porque se promete tremendamente interesante. Volveremos.

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Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.