La selva

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Parálisis Cerebral 9

Y llega la hora de intervenir en el desarrollo cognitivo. Nos encontramos con alumnos que tienen un problema motriz (y aquí nos chocamos de frente con todas la teorías de Piaget, que resumidamente piensa que nuestra inteligencia, aunque parte de acciones reflejas, progresa a base de formar estructuras a través de la acción del niño), con todas las dificultades de privación  sensorial auditiva y visual que puedan tener añadidas (no siempre es así, dentro de los PCs hay grados de afectación, pero hay que tener en cuenta que yo hablo de los últimos en la escala educativa, los que les tocan varias dis…), y con el desánimo por ignorancia de su entorno familiar y escolar, al desbordarles la situación (¿quién no ha oído decir que lo único que se puede hacer con estos niños es darles cariño?: a todo el profesional docente que le he escuchado tamaña aseveración, siempre ha sido escusa para no trabajar; la relación afectiva positiva es vital para estos críos y para cualquiera, pero tienen derecho a una educación). ¿Qué hacer? ¿qué es lo que hago yo…?

Hecha la primera evaluación, donde trato de situarles en un nivel de competencia curricular, cojo una escala de desarrollo (no quiero dar publicidad a ninguna, hay varias en el mercado, cada profesional elige la que mejor se adapta a la situación en la que te encuentras) y me pongo un ítem por delante del que tienen adquirido y… tiro.

La sensación que tengo cuando comienzo a trabajar con estos críos, es como si fuese a través de una selva, despejando la vegetación, haciendo un camino para facilitar a mis alumnos el progreso en su educación. A veces llegas a precipicios que no puedes franquear y te tienes que dar la vuelta, volviendo a empezar. Te acucia la humedad y el calor de tu propia inseguridad ¿iré bien? Te preguntas. Es realmente esforzado. A veces pasan meses, incluso cursos y lo único que has hecho es abrir un camino y otro. Normalmente, si sigues insistiendo, llegas a encontrar la manera de ayudarles. Mientras tanto, sabes que vas bien, aunque te equivoques, porque miras atrás y ves a  los críos tranquilos y contentos. Perciben tu esfuerzo personal y lo valoran, aunque no consigas lo que te propongas. Eso sí, cuando se produce un avance, el nivel de emoción, el “subidón” y la alegría que te entra, te hacer reír y llorar a la vez… ¡Es una sensación única!.

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