La verdadera noticia

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Destacados: 
  • En tiempos donde sobra el tiempo parece que telediarios e informativos ya no interesan.
  • Millones de pares de ojos los miran y los escuchan con cinismo, no apuntan a las verdaderas noticias.
  • La noticia es esta: la familia será de nuevo –como en 2008– la única célula social capaz de hacer frente a la crisis.

La verdadera noticia

En tiempos donde sobra el tiempo parece que telediarios e informativos ya no interesan. Millones de pares de ojos los miran y los escuchan con cinismo, no apuntan a las verdaderas noticias.

Parecen obras de teatro de bajo presupuesto donde sólo hay un escenario, el Congreso de los diputados, o, a lo sumo, el banco central europeo… Los ciudadanos del mundo se han dado cuenta de lo pequeño que era el mundo exterior y de –lo más importante– lo grande que es el mundo del hogar.

Ya nadie se fía de la política, de los bancos, de las empresas…, las encuestas sobre el descontento son abrumadoras. También es abrumador que las únicas noticias que hablan sobre la familia sean la del augurado –sabremos si es verdadero cuando se produzca– aumento de divorcios, y la de las llamadas al 016. Como digo, las noticias dejan de ser noticia cuando apuntan a lo ordinario y dejan de lado lo extraordinario.

Lo que sale en la tele es bien distinto de lo que se habla en los millones de mesas de comedor que, ¡por fin!, vuelven a estar llenas; a donde llega el Estado es bastante menos remoto y recóndito de adonde está llegando la familia. La noticia es esta: la familia será de nuevo –como en 2008– la única célula social capaz de hacer frente a la crisis. 

Es el verdadero significado de esta crisis (que en su significado griego hablaba del cambio y no de involución). Si es que en algún momento se puede hablar de recensión social es porque la sociedad está regresando a su centro, a su núcleo. Las grandes ciudades, verdaderos hormigueros tejidos por metros, velocidad y autobuses, vuelven a reconvertirse en lo que todos buscaban sin atreverse a buscarlo, en una unión de familias, de belenes que en medio de la noche acuden entre temblores y reposos al encuentro con el otro.

Las verdaderas noticias no se encuentran en la televisión, hay que buscarlas –desde tiempos inmemoriales– en el salón, en el calor del hogar. Este es el lema de la sociedad no alienada, de la otra cara de los titulares, de lo que queda después del virus: la civilización del amor y la familia.

Si enfermeros y policías merecen aplausos, con más razón lo merecen aquellas personas a las que vuelven cuando se quitan el uniforme. Mientras unos cuantos héroes mantienen la suerte de sus labores, otros tantos millones se encuentran y se transmiten el mejor regalo, el único remedio de los corazones: el perdón entre los que se aman y se pertenecen mutuamente.


Sobre el Autor

J. Carrillo