La vuelta a casa

Música blanca
Destacados: 
  • Algunas personas parecen tenerle miedo al amor, piensan que la entrega significa esclavitud y la lealtad inquietud.
  • Nunca navegaron las oscuras aguas de calígine ni ofrecieron su libertad a la belleza, para encontrar en el abrazo la razón de su vida.
  • Comienzan a sentir una profunda admiración por aquellos que arrancaron de su alma el miedo y sembraron en su lugar la semilla del árbol de la vida, que tantos frutos llegará a darles.

Retomando

Los sueños son como las estrellas, parecen estar muy lejos… pero no dejan de influirte.

William L.C.

Hace unos días, con gran alegría por mi parte, recibí unas palabras escritas de una persona que conocí hace unos años y que parecía haber desaparecido junto con el aire que se lo llevó hacia tierras lejanas. Todos vuelven, cuando el abrazo fue intenso.

Algunas personas parecen tenerle miedo al amor, piensan que la entrega significa esclavitud y la lealtad inquietud. Nunca navegaron las oscuras aguas de calígine ni ofrecieron su libertad a la belleza, para encontrar en el abrazo la razón de su vida. Sin embargo, cuando aprenden, después de muchas oportunidades perdidas, que para llegar a la felicidad has de abrir los brazos y dejarte atravesar por todo lo que llegue a tu orilla no dejan de asombrarse, comienzan a sentir una profunda admiración por aquellos que arrancaron de su alma el miedo y sembraron en su lugar la semilla del árbol de la vida, que tantos frutos llegará a darles.

El amor jamás acaba, nunca flaquea, siempre recuerda y recrea; de ahí que a algunos nos duelan tanto: no porque se hallen al otro lado de esa distancia que ha creado su insensatez vamos a dejar de sentirles o de quererles en toda nuestra presencia. Cierto es que ellos se vistieron de ausencia, ese silencio oscuro que llena el alma de tinieblas…, sin embargo, en nosotros la presencia se hace fuerte, hunde sus raíces en la armonía de nuestra sinceridad y jamás abandona nuestras manos. Eso no quiere decir que no duela.

Después llega el otoño, y todo cae, para dormir más tarde bajo la nieve del invierno: allí donde claudican los cobardes es donde los amantes se hacen fuertes, y son ellos los que tras la espera y las palabras de la piel renacen en primavera y se hacen luz en verano. El hombre todo lo vuelve humano o lo deshumaniza. Somos auténticos extraños en un mundo que poco entendemos, en una tierra que nos asombra y nos duele a la vez.

De vez en cuando, el aire se vuelve crema, y los pequeños rastros de nuestro amanecer, que aún se destilan entre los dedos, nos recuerdan el Dios que vive en nosotros, el Dios que podemos llegar a ser. Pero la mayoría de las veces, esto sólo nos produce vértigo y una sensación de ahogo y de nostalgia excesivamente terrible. Es así como tantísimas personas se niegan a abrazar la grandeza y deciden hundirse en los lazos de la pusilanimidad, en lugar de ser magnánimos. Quizá piensan que lo que han de dejar en el camino es demasiado para su corta generosidad, para su excéntrica virtud, para su enano vicio…, sin embargo, al cabo de los años, y si les abrazaste lo suficiente, volverán a preguntarse dónde quedaron esos grandiosos días de aventuras donde erais algo más que unos hombres con un proyecto: erais amigos. Es así que comienza a surgir en su interior la luz que dejaron en su vida las huellas de tus besos, el calor de tus abrazos y la realidad del trabajo bien hecho. Después sólo les queda retomar el camino a casa.


Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.