Librepensadores del compás

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  • En este siglo, nada como adentrarse en los marasmos de tantísimos libros de texto para darse cuenta de la cantidad de veces que nos han mangoneado y siguen mangoneando ahora a nuestros hijos o sobrinos o nietos; sobre todo, si hablamos de humanismo.
  • Se creen estos violadores de la filosofía y de la filocalía que lo que no pueden sentir, o demostrar empíricamente o con dinero, no existe.
  • Por eso hemos querido denominarles, a todos estos librepensadores del compás, con el calificativo de Manguis, y aunque no sean religiosas, lo parecen, y después de sodomizarnos –como la Mantis– nos fagocitan.

Manguis, que no religiosa

Proyectarse hacia el futuro contiene alguna inseguridad.

Pero sólo en esta línea el hombre aprende.

L. Polo

En este siglo, nada como adentrarse en los marasmos de tantísimos libros de texto para darse cuenta de la cantidad de veces que nos han mangoneado y siguen mangoneando ahora a nuestros hijos o sobrinos o nietos; sobre todo, si hablamos de humanismo. Desde que en la ilustración identificaron verdad y ciencia, y conocimiento verdadero con conocimiento científico, nos han ido hundiendo en una ignorancia tan excepcional que difícilmente encontramos hoy a personas que tengan un raciocinio con algo de sentido común, lógica transparente y semántica adecuada. Y, ni qué decir tiene, tampoco nos encontramos a demasiados seres humanos con una inteligencia abierta al conocimiento integral, no sólo al racional. Se piensan estos arcanos que la razón y lo racional es lo que prima, o lo más perfecto dentro de la inteligencia. Se creen estos violadores de la filosofía y de la filocalía que lo que no pueden sentir, o demostrar empíricamente o con dinero, no existe.

Desde aquí os recomendamos “La abolición del hombre”, C. S. Lewis: una auténtica joya para descubrir a todos estos falsos profetas y gurús de medio pelo, que lo que quieren es dejar al hombre de tal forma que no lo reconozca ni la madre que lo parió, más o menos lo mismo que están intentando hacer con el Mundo, con la Tierra y, cuando alcancen, con el Universo.

En esos libros de texto aún siguen hablando del evolucionismo, o del capitalismo, o de los librepensadores, o de que el hombre es alma y cuerpo, o de que es un animal racional... Nos siguen comentando cosas como la relatividad, o el viaje en el tiempo, o los instintos del hombre, o de todos los tipos de familia que puede haber, o de lo importante que es la democracia y el libre comercio... Nos siguen enseñando a tipos como Kant o como Marx o como Ocham, como dadores de una enorme sabiduría y que gracias a ellos nuestra vida ha evolucionado hacia una orgía de satisfacción. En fin, nos siguen hablando de auténticas patrañas para ver si repitiendo mucho una mentira llegamos a creerla: el problema es que así ocurre.

Por eso hemos querido denominarles, a todos estos librepensadores del compás, con el calificativo de Manguis, y aunque no sean religiosas, lo parecen, y después de sodomizarnos –como la Mantis– nos fagocitan. Curiosamente casi todos estos impresentables se hicieron políticos, aunque no faltan en el mundo empresarial, principalmente el bancario y el multinacional, en el médico, principalmente en el ámbito psiquiátrico, y en el mal llamado educativo, principalmente en esos entes tan repulsivos que denominan universidades y colegios: y cuentan algunos arcanos que de allí surgieron en el pasado las grandes revoluciones... Las grandes catalinas, eso es lo que surgió de ahí. La universidad murió con la escolástica, ahora sólo tenemos nidos de masones, o de comunistas venidos a menos, encerrados en una trasnochada utopía de juventud.

La única revolución que estos pibes han dirigido es la revuelta que se inició con la ilustración y el laicismo en contra de la Cristiánitas, que así se llamaba Europa, y la aniquilaron –o eso piensan–. Y ahora intentan vivir en un sincretismo asqueroso donde nadie distinga a nadie y seamos todos clones arios. Eso sí, con un bien orquestado programa a lo Goebles o a lo Georgias. Menuda panda de arquitectos.

Ellos ven sus oportunidades, hacen sus leyes, prostituyen sus vidas, utilizan y ningunean a todos los demás y se ponen de gloria hasta el culo en este podrido sistema democrático que han arrimado a su sartén. Qué curioso que sus vidas anden en el vacío de agujeros negros y acaben en el oscurantismo que han sembrado, pero manda güevos lo que llegan a joder mientras viven. Menos mal que aún quedan personas que abrazan.

No obstante, seguiremos denunciando constantemente y con las palabras que hagan falta a todos estos cortos de corazón y podridos de mente, que sólo quieren llevar al hombre a la Edad de las Tinieblas, dejándoles muy claro el conocimiento que perdieron en el mismo instante en el que el primer hombre pisó este Mundo y que vivirán exclusivamente en su ombligo hasta que desaparezca el último ser humano. Después hablaremos de otra Edad.


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Redacción

Aunque el hogar haya sido devorado por la jungla –no por bárbaros salvajes, sino por los monstruos educados y refinados de la sociedad de consumo (cfr. Á. de Silva)–, desde estos ritmos proponemos una revolución: que cada uno se mire a sí mismo y, conocíendose, se acepte; y, aceptándose, se supere. El que quiera cambiar el mundo, que empiece por uno mismo.