Los juegos del hambre, una crítica a su moralidad

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Por Iñigo Navarro- Rubio. Licenciado en Derecho y Economía. 

imnavarro@alumni.unav.es

A pesar de mi recelo inicial a leer libros excesivamente populares, me rendí finalmente a las cifras de ventas y me leí la trilogía de Suzanne Collins. Y lo hice porque el argumento me parecía fascinante: “veinticuatro niños que se ven obligados a matarse entre ellos delante de las cámaras, siendo sólo posible que sobreviva uno de ellos”. Estuve un tiempo preguntándome qué haría yo si me viese envuelto en ese híbrido entre el gran hermano de 1984 y un circo romano. Finalmente me picó la curiosidad y me leí la trilogía buscando algún personaje que actuase de la forma que yo consideraba correcta. No lo encontré. Con este artículo pretendo dar una breve explicación de las distintas posturas morales de cara a los juegos, cuál considero que sería la correcta, y comentar el hecho de que no haya ningún personaje que la encarne.

 

1. Las distintas posturas morales.

En primer lugar están los tributos profesionales, aquellos que participan voluntariamente en los juegos del hambre. Estos tributos quieren participar para ganar y no tienen ningún problema en matar a sus compañeros.  Creo que no es necesario explicar por qué esta postura es incorrecta. Matar está mal y ellos lo hacen con gusto.

En segundo lugar encontramos al que constituye el mayor grupo de tributos. Son buenos chicos que se han vuelto envueltos en una situación que jamás habrían deseado ni para ellos mismos ni para nadie. Sin embargo, y dado que las circunstancias son las que son, si hay que matar se mata. Podríamos decir que simplemente buscan sobrevivir. Esta postura no puede ser correcta. Y es así porque el fin bueno no justifica los medios malos. Es sin duda una situación extrema y difícil, pero no por ello correcta. Matar en los juegos para sobrevivir está mal del mismo modo que lo está para cualquier otro fin por muy bueno que sea. Hay quien pretende justificarlo como una situación de legítima defensa, pero ésta sólo lo es en tanto en cuanto te atacan y siempre únicamente para repeler el daño. No es por tanto legítima defensa.

El tercer lugar lo ocupa uno de los protagonistas, Peeta Mellark. Igual que los tributos del segundo grupo, no va a dejar de matar si fuese necesario. Sin embargo tiene una inquietud que le manifiesta a Katniss una noche: no quiere dar la impresión de que “pertenece” al Capitolio. No se conforma con sobrevivir, quiere demostrar que es una persona con la que no se puede jugar tan fácilmente. A pesar de ser el personaje moralmente más correcto, no por ello supera la frase “el fin no justifica los medios” y mata igual que los del segundo grupo.

 

2. La postura que creo correcta.

Creo que la postura correcta es la ya mencionada legítima defensa.  Sería la propia de un tributo que huye de cualquier situación que le exigiese matar a otra persona, que trata de impedir la muerte de cualquier compañero suyo y que en última instancia prefiere que le maten a verse obligado a matar para sobrevivir. Un tributo de estas características podría afirmar: “Estoy aquí porque no tengo más remedio. No dejaré que me maten, e intentaré que nadie muera. Y bajo ningún concepto mataré a un compañero por mucho que me amenace el Capitolio”. No hay ningún tributo, sin embargo, que se identifique con esta postura.

 

3. ¿Por qué no hay ningún personaje que la encarne?

Me sorprendió mucho que no hubiese ningún personaje que viviese la frase socrática de que es mejor padecer el mal que cometerlo. La no existencia de este personaje podría entenderse como un recurso que utiliza la autora para adentrar más al lector en la falta de moralidad del mundo que describe. Sin embargo, no creo que sea el caso. Creo que Suzanne Collins sí quiere crear un personaje moralmente superior al resto (Peeta), pero lo hace de forma incorrecta. El hecho de que Peeta tenga la conciencia o voluntad de no querer pertenecer al Capitolio es una circunstancia que podría haberle ayudado a tomar la postura correcta, pero en cuanto no lo hace, su error es el mismo que el de los demás. Sin embargo, sí se le considera como moralmente superior.

Y es precisamente eso, el hecho de que se haya errado en la caracterización moral del personaje “más moral”, lo que me resulta preocupante. Si obrar el mal es un error, aún peor lo es no saber lo que está bien. No porque sea un  error mayor, sino porque si no se sabe qué está bien y qué está mal, no se podrá optar nunca por la opción correcta.

Lo que escribimos, como si del hilo de Ariadna se tratase, ayuda al lector a adentrarse de una forma indirecta en las creencias del escritor. Y cuando estas creencias no se ajustan totalmente a la auténtica moral, puede generar confusión en lectores. Si a esto le añadimos que es una trilogía muy leída por la gente joven se agravan las consecuencias negativas que podría tener. Por otro lado, y al margen del mal que creo que puede haber hecho la exclusión de este personaje ficticio, creo que habría dado mucho nivel a la trilogía y que habría encajado a la perfección con la trama.

 

 


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