Los relojes del saber

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Los relojes del saber

Sí, es cierto que te degradas con los años, que el sol encuaderna tu piel como un papiro entre dura y seca como el cuero y frágil como el papel, que el respirar hace añejas tus células, que el vivir forma callos en las manos y durezas en los pies; y aunque no podamos recobrar la ternura del pan de leche que somos recién hechos, siempre podremos contar más: nos han clavado la aguja del tiempo tantas veces... y tenemos cicatrices en el alma que lo demuestran.

Puede que seamos viejos, pero todo en este mundo tiene un final, y un principio, y nosotros tenemos su recorrido gravado en el cuerpo, en la experiencia, en la razón: la piel puede responder por ello, tenemos escrita en ella cada dolor y alegría, penuria y sonrisa, nuestra vida escrita en prosa recorre nuestros confines de arrugas, ayeres y mañanas que se agrietan en el será, somos como el buen vino, a cada vez más duro, algunos más secos, otros más profundos, otros más rudos, pero perduramos macerándonos en nuestros bidones, extrayendo de ellos su esencia y dándole cuerpo.

Ya podemos andar sin zapatos y tomar el fuego con nuestras manos, no nos podrán destruir desde fuera, el suelo debe temblar, sólo nos iremos cuando nuestro interior se difumine con el cielo y volvamos a nacer.

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Sobre el Autor
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T. Luengo

Estudiante de Primero de Bachillerato, amante de la buena música y de los rincones de luz.