Manual para tabaco y café

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Manual para mantener a raya al tabaco y al café

Cabe poca discusión acerca del hecho de que vivir en sociedad acerca los vicios a los individuos. Más aún, también acerca a los individuos viciados entre sí. Quedar a "tomar café" o a fumar en aquelarre en la puerta de algún local (ya sirvan copas, contratos, formularios de contabilidad o donde recojan los deshechos del restaurante) es una institución cultural que se extiende por casi todas las partes del mundo conocido. No obstante, ¿se ha preguntado alguna vez de dónde sacó esa habilidad para encender la cafetera sin mirar, a pesar del sopor matutino?, o ¿recuerda cómo empezó a palpar inconscientemente sus ropas, con un principio de ansiedad subrepticio, en busca de su cajetilla de tabaco?. ¿Es usted consciente de que, sin necesidad de leer la carta de bebidas, ya ha escogido usted su consumición buena parte de las veces que franquea la puerta de un local?. ¿Ha observado acaso la erosión natural que se produce en sus ropas, carnes y, en definitiva, en su espíritu, por culpa de su inconsciencia mental?

Si la respuesta a alguna de estas preguntas es "No", este manual ha sido escrito para usted e ingeniado para su deleite.

Sobre las dificultades del ejercicio

La inconsciencia es el patio de juegos de la irresponsabilidad, y mandar allí a jugar a nuestros vicios, placeres o necesidades, no puede sino redundar en detrimento de nuestro ser.

En este manual no encontrará consejos morales para alcanzar la virtud socrática qué tanto desea. Sin embargo, es posible que le inspire alguna reflexión y seguramente un poco de alegría en el vivir.

Si aún a pesar de esta aclaración, sigue deseando recibir consejos de vida que le descarguen del arduo ejercicio del pensamiento propio, póngase en contacto con el autor del artículo. Éste le recomendará algunas sectas a las que jamás debería apuntarse, pero en las que, con el tiempo (y por un tiempo), se sentirá usted pleno y dichoso.

Sí usted cree haber dejado atrás la etapa de dependencia espiritual, ignore las líneas anteriores y siga leyendo.

Para encarar con éxito el enfrentamiento a los procesos alquímicos que suceden el territorio comprendido entre su cuerpo y su mente, debe usted adoptar una postura digna, erguida. Es usted y no otra persona el arquitecto de su propia realidad. Está en su mano y sólo en su mano, vencer la aristotélica batalla contra sí mismo y elevarse por encima de las nubes de humo y la taquicardia nocturna. Una vida libre de dientes amarillentos, alientos hostiles y conversaciones anodinas llenas de quejas inútiles. Eleve su espíritu. Disfrute de la sensación de abstinencia y del control que usted ejerce sobre ella. Hágase del club de los pulmones limpios y el ceño despejado. No reparten carnés, pero se sentirá usted como en casa en sus propias carnes.

El café

Entienda el café como una ventaja, no como una necesidad.

Toda relación de dependencia comienza en el lenguaje. Evite expresiones como “sin café no soy persona” o “deja que me tome un café y luego hablamos”. Recuerde que la realidad la crea usted, y sus propios matices determinan su discursividad y por ende el poder que el café ejerce sobre usted.

Haga de su voluntad un filo cortante con el que rasgar el velo de su neblina psíquica. Dedique un momento a pensar en la alegría de estar vivo. Respire hondo y desde el estómago. Salte en plancha desde la cama hasta el suelo y haga diez flexiones para que la sangre vuelva a fluir, y la producción de cortisol se vea estimulada. Al fin y al cabo, esto es lo que verdaderamente despierta a uno. La cafeína tan solo inhibe las alertas del cansancio en el cerebro.

Procure dormir bien. 6 horas de sueño equivalen a dos tazas de café bien cargado, y sientan mucho mejor al estómago que ese dichoso brebaje. Busque información en la red acerca de “la siesta del regatista”. Si tiene 10 minutos para tomar un café, tiene también 15 para echarse una siesta. Es cuestión de práctica. Los congresistas japoneses duermen en sus escaños, en los trenes, en los bancos públicos y hasta en la cola de la sopa.

Esta sana costumbre se denomina Inemuri. Consiste en echar siestas ligeras para optimizar el rendimiento. Lejos de ser mal visto, el Inemuri se ve como una señal de que una persona ha estado trabajando duro, pero aún tiene la fuerza y la virtud moral necesaria para mantenerse a sí mismo y a sus sentimientos bajo control.

Escoja usted entre café o siesta. El té es una opción para unos pocos valientes, sin embargo, no es un sustituto del café. También puede probar el café descafeinado. Suena igual de mal que la cerveza sin alcohol, pero le aseguro que sabe mucho mejor.

El tabaco

Decía el dramaturgo inglés Oscar Wilde que “el tabaco es el placer más perfecto y refinado: es exquisito y deja a uno profundamente insatisfecho”.

En la mente típica, este tipo de postulados son asumibles. Pero no para usted. Usted es un ser único e indomable. Por tanto, si fuma, ante todo, permítase disfrutar. Reserve el placer de fumar como botella de vino regalada por cumpleaños. Si usted respeta el tabaco, el tabaco le respetará a usted también.

Es importante que no intente respirar a través del cigarrillo. Recuerde que eso sólo alimentará su ansiedad psíquica y fisiológica. Las mutaciones a las que se ve sometido el aire que transita por un cigarrillo encendido, no son adecuadas para el día a día y por ello no deberían sustituir con frecuencia un suministro de aire limpio.

No sucede así con el aire que transita el cigarrillo apagado, cuya alteración es ínfima y de agradable sabor. Si usted desea adquirir hábitos más saludables, sin rechazar las seducciones del tabaco, puede empezar por dejarse el mechero en casa. Si no vive en un clima demasiado seco, la duración de cada cigarrillo podrá medirse por horas e incluso días.

Si escoge fumar cigarrillos tradicionales sin combustión, absténgase de pedir fuego. Hay maneras de socializar bastante más higiénicas. Además, jamás se recriminará el probar nuevas formas más saludables de fumar.

Ante todo, recuerde conservar la cajetilla en algún bolso o bolsillo con cremallera para mantener el frescor del producto. Cuanto más lejos del cuerpo, mejor. Con un poco de suerte, lo perderá de vista y tendrá la oportunidad de olvidarse de fumar. Al menos por un rato.

Vigile su marca de cigarrillos. Si desea escoger el tabaco como forma personal de suicidio, hágalo con estilo. Escoja marcas caras y evite pedir tabaco en la calle. Comprar cigarrillos de importación a través de Internet es una muy buena idea. En el mortal y refinado universo de la industria tabacalera, existen todo tipo de productos pensados para usted, mortal. Más allá de las virguerías comerciales típicas, algunos productos realmente pueden suponer una mejoría, o mejor dicho, una menor desmejoría, del desgaste que su hábito supone. Sobre todo en lo relativo a la higiene y la seguridad de su consumo. Aunque esto puede que a usted y a los 100 millones de fumadores que pululan por el mundo, les importe lo mismo que la migración de la ardilla austral en época estival.

Sin embargo, una manera excelente de obviar el fumar distraído es erguir la espalda, permitir que la sangre fluya, y dar un corto paseo. En pocos minutos producirá suficientes hormonas como para satisfacer su ansia de estímulos. Repita este ejercicio con frecuencia y fumar le resultará fisiológicamente innecesario.


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