Master & Commander

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  • En Europa teníamos la referencia a esta profesión en los antiguos tutores universitarios de las escuelas palatinas y en los maestros filósofos del mundo grecolatino, y en Asia en los sensei en japón, o en los upanisads en la India.
  • Orientador es el que orienta, el que ayuda al perdido a encontrarse, el que guía a su quicio al desquiciado, el que ayuda a descubrir nuestro lugar en el mundo.
  • Por supuesto, para ello, la primera labor del orientador es ser íntegramente ejemplar, ser de admirar: ser bueno.

Formador y orientador de personas

El hombre no es un mero producto de una evolución…, sino más bien una revolución.

Chesterton, El hombre eterno.

En 1985, antes de que en España se oyera el nombre Orientador o COACH, algunas personas comenzaron a formarse para llegar a ser orientadores –formador y guía, que en inglés se traduciría como master & commander–. En Europa teníamos la referencia a esta profesión en los antiguos tutores universitarios de las escuelas palatinas y en los maestros filósofos del mundo grecolatino, y en Asia en los sensei en japón, o en los upanisads en la India.

Orientador es el que orienta, el que ayuda al perdido a encontrarse, el que guía a su quicio al desquiciado, el que ayuda a descubrir nuestro lugar en el mundo. El orientador y formador personal es un re-humanizador, un terapeuta muchas veces (pues nos ayuda a sanar las heridas del pasado), un salvador, una luz en medio del abismo, un amigo que acompaña durante un tiempo, un maestro y guía, donde la asignatura es el sentido de la vida, la clase es el mundo, los compañeros sus habitantes y el examen final… ¿diría… el funeral?

Por supuesto, para ello, la primera labor del orientador es ser íntegramente ejemplar, ser de admirar: ser bueno. Su mayor virtud debería ser la prudencia, es decir, el hábito de elegir lo auténtico, lo verdadero, lo racional, lo científico, lo creativo, lo intuitivo o lo sensato. En otras palabras, su virtud es la sinceridad: una persona de confianza, que diga siempre la verdad; especialmente, la verdad sobre el cliente: qué fallo o acierto ve en él, qué problemáticas o talentos descubre, qué ausencias o presencias se dan en él. Pero también el orientador debe mostrar la verdad sobre sí mismo: no esconde su vida ni su ejemplo, pues es humilde y sabe que la humildad es reconocer la verdad y no ir de victimitas; y también sabe que la mayor parte de la motivación dependerá siempre la admiración hacia las personas. Por eso debe tener un compromiso especial con ser sumamente ejemplar, como parte de su trabajo.

Pero un orientador es más que nada un formador, porque no orienta si uno no quiere cambiar de orientación: el que verdaderamente se orienta es uno mismo, de lo contrario, más que orientador sería un manipulador. Es cierto que el efecto de conversar con este hombre brújula ―siempre que uno busque el norte, una verdad que de soluciones y esperanza―, es la conversión (es decir, con-vertere: verterse dentro), que es mirarse a uno mismo y replantearse… lo típico que un hombre de estos nos pregunta: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿qué quiero realmente hacer con mi vida? Y, justamente después, nos muestra la verdad sobre nosotros en toda su grandeza. A continuación, quién realmente buscaba la verdad suele reconocerla, ilusionarse y lanzarse fielmente a por ella, mas quién ya había tomado la decisión de cuál verdad quería aceptar, acaba pasando…

Dos frases de dos grandes maestros son: la verdad nos hará libres y la belleza salvará el mundo, la primera de Jesucristo y la segunda de Dostoievski. Solo la verdad nos salva del sufrimiento ―aunque a veces la verdad duela como escuece la medicina―, pero en especial la verdad anunciada a través de la belleza. Porque ―y aquí otra frase de otro gran maestro― de la verdad al bien el camino es la belleza (Karol Wojtyla): como nos ayuda no solo ver un hombre entregado, amante, desviviéndose por el prójimo, sino verlo además con una sonrisa y un gozo envidiables, un celo apasionado y con un entusiasmo creativo. En vez de verlo bueno, si, pero decaído y hasta los riñones. Por eso un orientador es un maestro y formador, pero a la vez debe ser un artista y un contemplativo en pos de la belleza, cuyo mayor arte dominado sea el que es el más grande y el más sublime: el arte de la conversación.

Se le llama orientador porque su efecto es que las personas se orientan con su ayuda, pero realmente es un formador, un maestro, un médico, un sabio, y a la vez un artista humanista, conocedor de todos los artes, cuyo efecto en nuestro corazón, gracias a la admiración o la ilusión que nos provoque, es la orientación hacia un ejemplar sentido de la vida; y, a unas malas de que no queramos reconocer la verdad, será tan solo un coach, un entrenador, que nos aportará los conocimientos y técnicas necesarias para nuestro desarrollo personal o éxito profesional en nuestras empresas, metas o trabajos.

Existen coaches de muchos campos: académico, de recursos humanos, de liderazgo social, de negocio o empresa, de deporte, de expresión artística, etc. También como asesor familiar, guía nutritivo, especialista en discapacidad, en intermediación laboral, o managers de profesión. Hay coaches hasta de videojuegos. Pero el coach no deja de ser un entrenador técnico o formador, no tanto un modelo a seguir.

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Sobre el Autor
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JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudio psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.