A orillas del Samsara

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  • Guantazos de realidad.
  • La contemplación de la nulidad constructiva de las acciones de mis hermanos.
  • Las mías propias también.

A orillas del Samsara

Guantazos de realidad. La contemplación de la nulidad constructiva de las acciones de mis hermanos. Las mías propias también. Con frecuencia ni siquiera nos reconocemos entre nosotros. Actos semielectos. Rodeados de objetos vivientes e inertes, que pululan y yacen a nuestro alrededor, comulgando con la materia física, para nuestra satisfacción o disgusto. Reacciones invisibles por lo automatizadas, cuyos matices quedan omitidos en nuestra cronología mental, como si no estuvieramos ahí, por falta de atención.

Avidez de exceso y defecto. Exceso en jarras. Defecto crónico. No ser en estado puro. Hacer animal que animaliza el ser. Presencia consciente como anomalía punible entre locos desdichados.  Seres que no entienden por qué hacen lo que hacen. Ni falta que hace.

Sí y no. Chillidos bioquímicos en el vacío de sus cabezas, como los de un gorila criado en cautividad. Así hacen faltas a su mayor potencia, y a su regalo más exquisito. La llave de su celda sin barrotes y su razón de ser.

La inopinable sensación, por momentos, de que uno no es ellos. Y la tautológica idea de que uno también lo es.

La empatía egoísta. Usar a otros sin contemplar las consecuencias. Cábalas semilúcidas sobre los conflictos posesivos de los demás. Ocultar la verdad, y después la mentira. Exponer tus opiniones para sentirte acompañado, para constatar que existes. Por lo general, a nadie le importa suficiente como para responder con un argumento trabajado. Te contradicen para manifestarse ante ti. Y una vaga noción de lucidez te dice que lo sabes. Lo sabes cuando los argumentos son vacíos. Osea, llenos de lo que ellos creen que es sí mismos. Una paja mental confusa carente de valor. 

Todo es gris y sin fisuras aparentes. La mezcla diluida conduce a un puro aburrimiento, donde la brevísma estimulación de lo sorprendente parece satisfacer. Pero siempre se retorna al punto inicial. Divertirse, escapar del encuentro con la evidencia vital, no es avanzar. Sin avance, solo existe retroceso al punto inicial. Incansablemente. Malditos y benditos. Según nuestra elección.

La única batalla que se gana cediendo es la que se lucha contra sí mismo. Una paradoja vital donde solo la humildad, la subordinación al otro, la elegancia en el juego de la mesura; permiten ver. Buscamos el amor para no estar ciegos. Para comprender los confusos contrastes que ante nuestros ojos se suceden. Sin amor se confunden los colores del espíritu. Con amor se descubre la armonía de cada instante. Y así de una vida entera y su eternidad.

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Sobre el Autor
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J. Maceira

Javier Maceira es estudiante de Periodismo y Ciencias de la Comunicación por el Centro Universitario Villanueva. Nace en Madrid en 1993, donde reside desde entonces. Amante de la literatura, el cine y la música. Pretende abordar temas actuales con espíritu crítico, observando siempre los pequeños matices que determinan la realidad.