Pornografía y mujer

MIA, Foto de #marialperi

Pornografía y mujer

La pornografía atenta contra el derecho de la mujer a la igualdad

Tradicionalmente, el debate sobre la pornografía se ha centrado sobre el daño a los menores, o el límite entre la obscenidad y la libertad de expresión.

Una sentencia del Tribunal Supremo canadiense planteó –hace ya unos años– la cuestión en términos mucho más prácticos: la pornografía es ilegal desde el momento en que quebranta la igualdad de derechos entre los sexos, pues humilla a la mujer y la presenta como mero objeto sexual.

Se trata de un caso tradicional, en el que un comerciante fue acusado de vender vídeos pornográficos. Lo novedoso fue que la sentencia encontró lo fundamentos de la culpabilidad no sólo en la calificación de obscenidad, sino en el quebranto del derecho a la igualdad de la mujer. En efecto, el texto sentó un precedente que permitiría al gobierno prohibir revistas o películas pornográficas si pudiese mostrar que tales materiales degradan a las mujeres, comprometiendo así su igualdad.

La sentencia fue fruto de una denuncia presentada por un grupo feminista, el fondo para la Acción y Educación Legal de las Mujeres, que desde los años 70 del siglo XX lucha por demostrar que el acoso sexual y la pornografía son formas de discriminación contra la mujer. La obscenidad debe considerarse, a su juicio, una violación de los derechos colectivos de la mujeres, más que una cuestión relacionada con la libertad de expresión. En ese momento, el TS les dio la razón, al prohibir los materiales degradantes o deshumanizadores, que colocan a las mujeres (y a veces a los varones) en situación de subordinación, sumisión servil o humillación.

Ese punto de vista comenzó a abrirse camino, también, en EEUU, aunque su TS no actuó entonces con ese planteamiento. Pero ya en 1990, un juez federal prohibió la venta de un disco titulado as They Wanna Be, donde en apenas 45 minutos de grabación se incluían dos centenares de alusiones obscenas. El juez prohibió la comercialización del disco por la mezcla de obscenidad y de invitaciones a brutalizar con la mujer.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, no se ha avanzado absolutamente nada en este sentido, al revés, se ha retrocedido, y mucho, tanto, que son en la mayoría de los casos las mismas mujeres quienes justifican esos materiales bajo el santo nombre de la libertad y la igualdad. No sé quien ha sido, pero ha conseguido que las mujeres hayamos sido maltratadas moralmente de tal forma que lo que era buena ahora lo llamamos malo, y lo malo lo hemos elevado a slogan femenino. Enhorabuena, esto sí es una pandemia, y hemos muerto todas.


Sobre el Autor

Iris Gómez Saprini

Escritora y Musicóloga, estudié Filosofía en la Universidad de Alcalá de Henares. Nacía con el nuevo milenio, y nada hay que me guste más que traer un poco de luz a este mundo tenebroso en el que vivimos.