Rapsodia

Fotos Endémica Tours

¡Rapsodia!

Música evocadora de sueños en concierto

Cerquita ya del Día Donde Acontece La Más Bella Poesía, que comienza en la Noche Más Sorprendente y Admirable –en Belén, en torno a un pesebre–, quizá como preparativo para esa la Mayor Fiesta, tuvimos una nueva oportunidad de ataviarnos con las festivas guirnaldas de la música.

Fue de nuevo en el pueblo encantado, Navacerrada –en su casa de la cultura–, y nuevamente con la cortesía y la esplendidez de la Asociación Sierra Musical, que sigue animando estos bellos lares donde habitamos los serranos ofreciendo tanto, tanto, tanto…, por tan poquito; tanta música de verdad, tantos conciertos de calidad, tanta cultura rica, tantos buenos ratos… ¡Desmoronando está de la ignorancia los muros, enriqueciéndonos por apenas cuatro duros!.

Se trataba del clásico y esperado concierto extraordinario de Navidad. En el escenario: la viola de María Ángeles Herrero, el violonchelo de Elena Escalza, el violín de Vicente Cueva y el piano de Daniel del Pino. El título tan sugerente con el que enlazaron esta vez el repertorio ¡Rapsodia! –música evocadora de sueños en concierto– quiso mirar a la figura del rapsoda, un cantor y recitador ambulante que, en la Grecia Antigua, hilvanaba fragmentos de viejos poemas épicos, combinados a veces con improvisaciones propias, actuando en festejos, banquetes y otros eventos. 

Para abrir corazón, la primera pieza que interpretaron Vicente y Daniel fue “Liebesleid” –penas de amor–, de Fritz Kreisler, violinista austríaco –también compositor y pianista–, considerado uno de los más grandes de la historia. 

Violín y piano vestidos de madera clara, la elegancia hace presencia. Echa a volar el violín en maravillosa melodía, en limpio lirismo. Tranquilo y enamorado le acompaña el piano. Las lágrimas de esas penas ruedan rotundas, limpias, verdaderas.

En la segunda delicia, también de la mágica mano del vienés, “Schön Rosmarin” –la bella Rosa María–, retozar, jugar y cantar han escogido las sublimes cuerdas del violín. Y las manos del piano, no menos jubilosas, se han puesto a pequeños brincos dibujar.

Cambiando de aires, se volvieron estos españoles gracias a Gaspar Cassadó, otro de los más grandes en lo suyo, el violonchelo. De él fue la tercera pieza del mediodía, “Requiebros”. Un llamado a la causa del piano, da paso a una marcha intensa del chelo, a un florecer de ideales. El tono va alcanzando la gravedad propia de lo que nace en el corazón, pero, al mismo tiempo, desvela la gracia del músico-poeta, cuya voz huye siempre del error de la mentira, arrastradas sus entrañas por la fuerza de la belleza, que todo lo transforma y lo revira rumbo al Nuevo Día.

Despierta la fantasía, estábamos dispuestos para el plato fuerte y final: el cuarteto nº1 en Sol menor para piano y cuerdas, op.25, del joven Johannes Brahms, en cuatro extraordinarios movimientos.

Primer movimiento, Allegro:

Solemne entrada aderezada por el cálido tacto del piano. Es en este momento cuando me sumerjo de lleno en el mundo de los músicos, en esa pasión que les hace viajar en el tiempo hasta la creación de cada obra. Cuatro artistas encendidos por el fuego creador del ser humano…: ¡saltan chispas!. 

Volviendo a la pieza, la solemnidad se ha tornado en suavidad, en trazos apaciguados, en distendida armonía. El piano y la viola –esposas sus manos, se nota– devuelven la hondura solemne, el corazón calado del compositor, la necesidad de expresar lo que anhela con gran fuerza. Las cuerdas pianistas y las violinistas trazan juntas pinceladas especialistas: ¡qué lucido cromatismo, qué puro idealismo!. Limpísima, emocionante la sintonía: cuando los hombres buscan juntos la belleza, cuán impresionante puede llegar a ser la armonía.

Segundo movimiento, Intermezzo–Allegro ma non troppo:

Sin perder la solemnidad, el tono tiene ahora menos contrastes. Hemos llegado a los pequeños detalles del cuadro, que se trazan con finura, con destreza y elegancia. Y se celebran cada uno con ilusión, antes de seguir con la tarea. Templado, tomado ha calor el compositor y también los testigos ejecutores de hoy: es hora, tras la puesta total en escena, de invitar a la Verdad...

Tercer movimiento, Andante con moto:

Porque la Verdad, la Belleza por la que de amor muere el auténtico músico, no se inocula, no se mete a presión, se muestra en oportuna ocasión, se lanza, si acaso, a todo corazón, en sugerente invitación. Como no se grita, no se muerde: se besa. Ahora bien: bien se besa. Porque el amante verdadero se da por entero: con vuelos altos, con precisas caricias, con intensas miradas, con triunfales modales, de la misma forma que se desnudan ahora los instrumentos todos, mostrando sus más poderosos modos –¡a quién, a quién la música puede disgustar cuando en instrumento se convierte del amar!–. Ya la hoguera vuela y vuela, y en ella andamos prendidos todos, hasta los del fondo, como mi abuela. 

Cuarto movimiento, Rondó alla zingarese –presto:

Asombrosa es la capacidad del arte –no la discapacidad de hel-arte de frío, que algunos esgrimen–, cualquiera sea, para el corazón robarte, en él una brisa soplarte, y luego al mundo lanzarte: ¡a hermosearlo, a rendirle tus talentos, a esparcirlos a los cuatro vientos!. Así avanza este rondó, con su esencial y vibrante entusiasmo, con su poderosa sonoridad, con ese alma de querer llegar a toda la humanidad, por los siglos de los siglos –Brahms lo compuso en el siglo XIX y hoy, en el XXI, recojo yo su clamoroso anuncio, su generosa fiesta.

Sólo toma respiración este último movimiento, antes de arribar a las mieles en las que todas las esencias de la pieza vienen a brillar, para ayudarle al público a recordar que lo único que han de hacer es dejarse abrazar, que aquello para lo que han venido es para, en la unión con el compositor y los músicos, como dice el subtítulo de este concierto…: ¡soñar, soñar, soñar!.

Reverencias y aplausos nos ponen los huesos a temblar y el alma sube para su luz en la sonrisa irradiar y la poesía acabar de coronar.

Tan sólo una pequeña hora 

y sus talentos necesitaron:

nuestras manos que ávidas llegaron,

de Gloria brillan ahora

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Sobre el Autor
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B. Rodríguez

Borja Campos Rodríguez es estudiante y escritor. Cursa Ciencias de la Familia en Universálitas BLC.