Realidad vs Ficción

Groucho Marx
Destacados: 
  • De todas formas, resulta mucho más gratificante resurgir de las propias cenizas antes que poblar de truños estos lares.
  • El hombre tiene la capacidad del lenguaje con el que renovar la ya bastante escuálida sociedad capitalista en la que moramos.
  • Y así nuestras calles se pueblan de gurús y profetisas y se vacían de faroles y del humo de un buen puro.

La realidad supera siempre a la ficción

Cuando crees conocer todas las respuestas viene un hombre y te cambia todas las preguntas.

Es cierto: la realidad siempre ha superado cualquier ficción. Y el camino de las palabras nos habla constantemente de bolsillos –llenos o vacíos–, de rincones –iluminados u oscuros– y de abrazos..., y de ausencias y de besos y de letargos fríos y en penumbra. Al fin y al cabo, con las palabras puedes matar o devolver la vida a generaciones enteras.

Pero la realidad siempre supera cualquier ficción, porque la realidad está hecha por los callos ensangrentados de personas que trabajan día a día, mientras que la ficción se realiza con sueños croqueteros repletos de besamel con huevos y algo de gallina. De vez en cuando una ficción te propone la catarsis –enana e infantiloide– para que te evadas de esta realidad humana, mundana, divina y diabólica al mismo tiempo en la que resurgimos cada día; pero si la única forma que tenemos de encontrar la paz es dejar de ser nosotros mismos entonces van a tener razón los que decían que estaríamos mejor todos muertos.

De todas formas, resulta mucho más gratificante resurgir de las propias cenizas antes que poblar de truños estos lares, pues con nuestro dolor y nuestra alegría vamos transformando el camino en crecimiento y fecundidad, y con nuestra ficción falsa y pueril lo único que conseguimos es llenar de mierda cualquier ilusión y grandeza.

El hombre tiene la capacidad del lenguaje con el que renovar la ya bastante escuálida sociedad capitalista en la que moramos, y el asombroso don de la honradez –que tanto brilla por su ausencia en nuestros días–, y la siempre tan poco considerada lealtad. Nuestras tierras se han poblado de algunos lobos, tres o cuatro corderos maltrechos y escondidos y un sin fin de mediocres de medio pelo que van de marrón hasta las cejas.

Entre leyes ambipur, sexualidades y generalidades a la carta, familiostas frankesteinianas, ideolgísimas mercantilistas, antropologistas y publicitarias goebbelianas, y demás payasadas de gentes sin cerebro y cerebros pitopaúsicos, andamos sobre ascuas, que más que quemar intentan doblegarnos hasta los pelillos de los paneles semicirculares para arrastrarnos por doquier –por donde quiera que a ellos les plazca–. Y es que no hay nada peor que un mediocre con un gorro –sólo le falta un bigotín y la mano dentro de la chaqueta tocándose una teta.

Pero la realidad acaba imponiéndose... y para los que molestan o se han desviado demasiado del régimen se crearon hace tiempo las pastillas: nada como una buena receta de un psiquiatra de moda, que no de un auténtico médico de siempre. Y así nuestras calles se pueblan de gurús y profetisas y se vacían de faroles y del humo de un buen puro. Pero ya se sabe, con esto del calentamiento global han sacado los hielos a pasear y cada día brotan más frescos y frescas de asfalto y se ven a menos tarados y rebeldes por estos lares. Algún día habrá que recuperar las calles, y los caminos y todas las trochas que hicieron nuestros muertos.

Pero la realidad acaba imponiéndose... y todos estos fagocitadores de materia, todos estos viciosillos del cuerpo diez, todos estos payasos que prefieren la tecnología al trabajo bien hecho de sus hermanos, todos estos esclavos del qué dirán, del dinerito fácil y del condón de marras acabarán más solos que la una en un inmenso espacio sin humos donde se pueda leer: yo me hice a mí mismo y a mi progenie rubia de ojos azules, metro noventa, bilingüe, aséptica y con una identidad sexual ambigua, cambiante y plenamente infecunda.

Al fin y al cabo, el mundo tiene sus propias leyes y el que mea hacia arriba acaba tragándose su orina. Algunos, personalmente, cuando abandonemos esta orilla escribiremos en nuestra lápida –siguiendo el preclaro ejemplo de un Groucho de leyenda– “disculpen si no me levanto”.


Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.