Redes

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REDES

En una época en la que es más probable morir por obesidad o suicidarse que de hambruna o en guerra, en la que nacen nuevos horizontes y retos como especie, la tecnología avanza sin control en, o sobre nuestras vidas, y el mercado ha subordinado todas las disciplinas a su merced (nos resulta más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo); se hace cada vez más común en el hombre el sentimiento de desorientación y alienación de su esencia y es menester de la filosofía alumbrarnos en el camino.

Como humano de 17 años, vivo y presencio diariamente la caída en las redes de amigos, familiares y otras personas, que idolatré e idolatro, que quise y que quiero, y con las que compartí.

Las redes en las que han caído son las sociales, mundo paralelo constantemente implementado para ser más adictivo y placentero (mediante segregación de dopamina estimulada por recompensas a corto plazo) y que han cambiado por leer, relacionarse personalmente o simplemente disfrutar de los placeres y capacidades que otorgan su cuerpo y naturaleza al humano.

Antes de que llegara la adicción, solía salir con mi hermana a dar largos paseos en bici, junto a nuestro padre o solos, mientras charlábamos y segregábamos verdadera dopamina; ahora lo ha cambiado por 6-7 horas diarias de conversaciones cibernéticas, revisiones de likes constantes y, en conclusión, entregar su felicidad a su teléfono.

Este es un problema creciente, que todos, en mayor o menor medida, sufrimos; pero las personas que caen y quedan enganchados en estas redes, sufren una inhibición de sus placeres sensoriales e incluso se tornan apáticos; su vida ahora está en el móvil, y el resto de actividades: la comida en familia, las conversaciones personales o sus obligaciones, son un mero trámite.

Las personas que sufren esta inhibición generalmente son conscientes en cierta medida de su condición y síntomas, pero, dado que la negociación cognitiva es igual que en el resto de adicciones y  que esta enfermedad no genera bultos en la piel ni provoca la muerte, podríamos estar presenciando la peste del siglo XXI llevándose a nuestros seres queridos silenciosamente sin ser conscientes de ello.


Sobre el Autor

hansi

Hijo de Ávila, escritor de piel, estudiante siempre, con tendencia a los espacios filosóficos, amante del deporte y de palabras sinceras.