Restaurante Pimientas

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Destacados: 
  • El día se prometía caluroso, y eso que estábamos terminando octubre, aunque quizá por ello la magia flotaba en el aire: nos encantan los juegos de palabras.
  • Todos estos detalles invitaban a pensar que lo que estaba por venir nos iba a sorprender.
  • Tiernos, del terruño, gelatinosos, de los que dejan su beso en tu boca para que sigas emocionándote, picantes, con el toque de los ángeles, con la sal en su esplendor y la salsa llamándote lentamente…

Restaurante Pimientas

Son los detalles sencillos, los pequeños actos de amor, los que mantienen el mal a raya.

Gandal, el Gris

El día se prometía caluroso, y eso que estábamos terminando octubre, aunque quizá por ello la magia flotaba en el aire: nos encantan los juegos de palabras. Ante tal curiosidad decidimos adentrarnos en una de las urbanizaciones más interesantes de la zona noroeste de Madrid, en concreto esa tierra que hace de puente entre Pozuelo y Majadahonda: Monteclaro. Desde hace ya unos años, una maravillosa persona decidió alegrar a las gentes de ese terruño de España con su buen hacer, con su tradición, con su sonrisa y con sus caricias…, en una palabra, con su hogar; porque hemos de reconocer que Maricarmen hace hogar.

Así es como el restaurante Pimientas se instaló en el corazón de Monteclaro, en su Club Social, para enamorarles, aunque, indudablemente, muchos otros hemos disfrutado con su buen hacer.

El entorno no podía ser mejor, situado al lado de la piscina, rodeado de vegetación y tranquilidad, con dos comedores, una terraza ahora renovada y una excepcional parrilla –maravillosamente llevada por Pepe, el segundo en la cocina, una de esas personas con las que aprendes lo que significa trabajar bien.

Como no podía ser menos, decidimos ir a degustar el arte culinario de Maricarmen, y lo que recibimos fue realmente agradable, admirable y delicioso.

Nada más llegar, Ana nos recibió con una sonrisa, una cerveza, un vermut y unas olivas…, algo que quizá parezca algo pequeño, pero que lleva en sí el sabor de las cosas normales, de las cosas cotidianas, esas que logran mantener el mal a raya. Mención especial tiene el vermut artesano que gastan en Pimientas, Arlini, 100% Monastrel, con un toque de chulapo madrileño que quita el hipo.

 Y nos dirigimos hacia la terraza, recién inaugurada, tranquila, con gusto y maña. Allí nos acomodamos en la mesa que nos había preparado Ángel, una de esas personas que nunca olvida un detalle, que, conociéndote una vez, saben calarte, para más tarde realizar un trabajo cuidado, profesional y profundamente rico. Ángel es una de esos pocos camareros que, aun siendo joven, parece tener el alma antigua, como la de aquellos camareros del Madrid de los 50, que no daban puntada sin hilo. Junto a él trabaja otra ejemplar persona, Carlos, cuya discreción y saber estar hacen que brille de veras.

Todos estos detalles invitaban a pensar que lo que estaba por venir nos iba a sorprender y… la primera en los labios: en ese momento apareció Jeni, hija de Maricarmen, para ofrecernos el maridaje. Comenzamos con don Manuel Manzaneque, D.O. Finca Élez, y su Finca Élez Crianza, que ya cuenta en su haber con dos medallas de plata en la Vinalies de París. De frutas y especies, aromas de la tierra de Castilla, recorriendo el paladar de sus degustadores con amplitud y el equilibrio de la madera. Delicioso.

Comenzamos con unos exquisitos boquerones en vinagre de la Casa: el sabor de lo casero, de lo realizado pensando en el alma del prójimo, sobre todo en relajársela. Como el guiso de verdinas con gambón, perfectamente aderezadas con una pizca de pimentón de la vera. En estos momentos nuestro alma ya sonreía, despreocupada, alegre, agradecida: así la había dejado los excelentes platos, la profesionalidad del servicio y los detalles de cariño y respeto de la familia que conforma Pimientas.

Había llegado el momento de cambiar de maridaje. Esta vez Jeni nos sorprendió con el Prios Maximus, de la zona de Pesquera del Duero. Elaborado 100% con uva Tempranillo, procedente de viñedos mayores de edad, y reposado en barrica bordelesa de roble francés y americano durante doce meses. Un maravilloso menisco rubí de cálido aspecto y lágrima untuosa. Y es que lo que estaba por llegar superó con creces todas nuestras expectativas: los callos madrileños de doña Maricarmen…, hasta la fecha, lo mejoras callos que han besado estos labios. Tiernos, del terruño, gelatinosos, de los que dejan su beso en tu boca para que sigas emocionándote, picantes, con el toque de los ángeles, con la sal en su esplendor y la salsa llamándote lentamente… No es de extrañar que algunos hayan perdido relojes mojando pan en ella.

Nuestra más sincera enhorabuena por este manjar de humanos. Cada día asombra más cómo se puede llegar a extraer tanto gozo de algo que en sí es muy poca cosa. El secreto, como siempre, están en la manos enamoradas de esa persona que brilla y hace su trabajo con una sonrisa en los labios y una luz en el alma. La nuestra, en ese momento, no sólo sonreía, sino que había sido curada.

En seguida llegamos a otra de las especialidades de la casa, esta vez salida de las creativas manos de Jeni, las costillas especiales en su salsa –como si de una de esas recetas ancestrales se tratara, secretas, codiciadas y nunca descubiertas–, no sin antes pasar por los huevos poché con toques de trufa y patatas paja artesanales. Y volvimos a experimentar cómo, con algo tan sencillo como una clara con su yema, se puede hacer algo tan agradable a todos los sentidos. Y para terminar, cambiando de registro, Merluza a la marinera maridada con Melior de Matarromera, el verdejo que es el barco insignia de la casa. Así… sí.

La guida de la jornada fue otra obra de arte de Maricarmen: la Muselina de queso. Pero preferimos no decir nada más, es mucho mejor que os paséis por allí para probarla.

Estas son las cosas importantes que tiene la vida, esos detalles sencillos y cotidianos, esos casi imperceptibles actos de amor que mantienen el mal a raya en la cotidianidad de nuestros días, como diría Gandalf, el Gris. Y así es, porque bajo todo ese trabajo bien hecho se esconde la ilusión perfecta de un corazón enamorado, y esto no se ve a menudo.

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Sobre el Autor
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D. Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.