Seguimos caminando

Foto de Teresa Luengo
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  • Aún así, entre tanta basura surgen las mejores flores, las más fuertes, las más bellas, y consiguen renovarlo todo; porque el día en el que esto no ocurra, esta tierra, tal y como la conocemos, habrá dejado de existir.
  • Normalmente, cuando alguien quiere trabajo en estos tiempos se larga de su país desarrollado o no desarrollado para hacer fortuna en otros sitios, sobre todo se larga si es España, por ejemplo.
  • Existen auténticos héroes en este mundo nuestro; en España viven unos tres millones y medio de ellos.

Seguimos caminando

"Continuamos con nuestro diario, profundamente independiente, profundamente humano y con un innato gusto por el abrazo"

Corren tiempos inquietos en estos lares. El dolor y la desesperanza se ceban en millones de hogares, en millones de almas. La soberbia y el egoísmo están haciendo estragos. Y muchas personas comienzan a sentir que la muerte es la única salida.

Aún así, el hombre resurge de las cenizas, cual ave fénix, potenciando su creatividad y su buen hacer. Muchos dan ejemplo de esperanza, ilusionándonos a todos con su fortaleza, con su magnanimidad, con su honor. El amor no ha muerto, y sigue invitándonos a que nos abracemos.

Los países desarrollados están profundamente heridos, envejecidos por el odio, por un cientificismo decimonónico, por el trágico abandono de sus raíces más trascendentales, por una absurda idea de justicia, por una enana, penosa y absolutamente esclavizante realidad educativa, por una dolorosísima pérdida en la identidad de las personas, por un insultante rechazo del ser humano en sí mismo, por la ignorancia sobre el mal y el bien y por un desesperado y angustioso afán de jamás tratarnos como hermanos. Los mal llamados países desarrollados están podridos.

Aún así, entre tanta basura surgen las mejores flores, las más fuertes, las más bellas, y consiguen renovarlo todo; porque el día en el que esto no ocurra, esta tierra, tal y como la conocemos, habrá dejado de existir.

Normalmente, cuando alguien se plantea ayudar, suele mirar a las zonas menos desarrolladas del planeta y, concretando más, a los niños más pobres. Les toca más “la patata”. Resulta algo más difícil que se ocupen de sus padres, aunque menos de sus madres (esto también les toca “la patata”). Y de los ancianos... Pues muchísimo más difícil es que se queden a sacar adelante su propia familia, su propio barrio, su propia región.

Normalmente, cuando alguien quiere trabajo en estos tiempos se larga de su país desarrollado o no desarrollado para hacer fortuna en otros sitios, sobre todo se larga si es España, por ejemplo. Resulta muchísimo más difícil quedarse, unirse y dar solución al asunto.

Aún así quedan hombres que juntan sus hombros y, mano a mano, ayudan, crean, trabajan y hacen que los demás vuelvan a creer en la profunda fuerza de nuestra inteligencia y de nuestro amor cuando trabajamos unidos.

Dentro de la realidad que es el ser humano, es muy posible que lo más importante sea llegar a conocernos, para así poder aceptarnos y superarnos. Pero para eso deberíamos dar más importancia al ser que al tener –de hecho, la felicidad está en lo que somos no en lo que tenemos–, y hoy en día esto brilla por su ausencia... Salvo en cierto tipo de personas.

Existen auténticos héroes en este mundo nuestro; en España viven unos tres millones y medio de ellos. Son personas que no pasan desapercibidas, aunque en algunas épocas se las escondía. Son hombres y mujeres que dan la fuerza para solucionar todas las dificultades allí donde se encuentran. El problema radica en que muchos de los que no son como ellos quieren aniquilarles, matarles, abortarles.

Estos seres humanos –que son el antivirus para esta sociedad enferma–, estas grandes personas  –que tienen el don de unir familias y pueblos enteros– son aquellos que los demás llamamos discapacitados, y antes, minusválidos –que valen menos.

Pues bien, ha llegado la hora de unirles a todos, para que nos unan a los demás. Hoy es el día en el que queremos comenzar a aceptarles como faros, como la luz que guía en la tormenta, en la tempestad y en las tinieblas. De ahí que continúe este diario, profundamente independiente, profundamente humano y con un innato gusto por el abrazo.

Queremos ocuparnos de todos los seres humanos, pero comenzando por nosotros mismos. Hemos pasado de la Universidad a la Universálitas. No queremos estar ni por encima ni por debajo, sino dentro. Iremos desgranando nuestras ideas editorial a editorial, paso a paso, hombre a hombre. Existe alguno que dice que nada nuevo hay bajo el sol... Nosotros decimos que al menos hay algo..., mejor dicho, alguien: cada una de las personas. Cada ser humano es un fin en sí mismo, es un regalo, y el mundo se recrea en la mirada de cada niño que dejan nacer –porque hoy hay que pedir permiso hasta para vivir.

Por eso, y desde un profundo respeto a cada persona concreta, hablaremos, denunciaremos, explicaremos –y demás realidades relacionales– cada aspecto de este mundo, principalmente de este mundo humano y de esta “España nuestra”, poniendo en el primer puesto a todas esas personas que los adoradores del cuerpo perfecto y la mente sanita llaman tarados o inútiles, para mostrar que la única forma de vivir feliz es aprendiendo a convivir a través de la verdad, el bien y la belleza.

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Redacción

Aunque el hogar haya sido devorado por la jungla –no por bárbaros salvajes, sino por los monstruos educados y refinados de la sociedad de consumo (cfr. Á. de Silva)–, desde estos ritmos proponemos una revolución: que cada uno se mire a sí mismo y, conocíendose, se acepte; y, aceptándose, se supere. El que quiera cambiar el mundo, que empiece por uno mismo.