Un paseo Balear

Arrocería Balear
Destacados: 
  • El día se había levantado mediterráneo, perfecto para visitar la Arrocería Balear, en Majadahonda; un lugar fresco, alegre, perfectamente preparado para acoger con amabilidad al visitante.
  • Normalmente, cuando uno lleva sus pasos hacia un lugar donde poder disfrutar de un gozo, busca tranquilidad, profesionalidad y buen material.
  • Y qué gozada es encontrarlo de veras, quedando sorprendido para bien y con ganas de volver.

Un paseo Balear

Cuando el servicio es profesional, el producto es adecuado y el entorno abraza, la gastronomía se convierte en un auténtico paseo por los rincones de la alegría y la gratuidad.

El día se había levantado mediterráneo, perfecto para visitar la Arrocería Balear, en Majadahonda; un lugar fresco, alegre, perfectamente preparado para acoger con amabilidad al visitante. Normalmente, cuando uno lleva sus pasos hacia un lugar donde poder disfrutar de un gozo, busca tranquilidad, profesionalidad y buen material. Y qué gozada es encontrarlo de veras, quedando sorprendido para bien y con ganas de volver.

La experiencia gastronómica, más que uno rato para llenar la andorga, ha de ser justo eso: una experiencia. En esta Casa, la experiencia se hace realidad.

Nada más llegar nos recibió el maître, David, con esa sonrisa que alegra el saludo; y nos decidimos por ir regando el patio con una cerveza a la ribera de la barra. Magnífica la atención de Irene –otra preciosa sonrisa– y, como no, el abrazo de José –con esa mirada que nos devuelve el aire de la picaresca española, del casticismo pirata de los bares; muy parecida a la de otros dos grandes profesionales de la Casa: Daniel, segundo de abordo en sala, mano derecha de David, y Víctor.

Una de las mejores experiencias a la hora de escribir sobre los lugares del buen yantar es, además de conocer y vivir a los profesionales que hacen que salga adelante, descubrir a quienes tuvieron la idea de sacar adelante el proyecto: aquel día conocimos a Miguel González Manzaneque y a doña Blanca, su madre. Cuando la tradición se construye sobre el buen ejemplo, la buena educación y el respeto al prójimo es normal que brillen los lugares como éste. En una sociedad donde la honradez brilla por su ausencia, es del todo agradable y esperanzador descubrirla en la mirada ilusionada de personas con proyectos interesantes.

Después de saludar a Brian y a Anthony –que completan la profesional plantilla en sala– nos sentamos alrededor de la mesa que nos había preparado David, y comenzamos con los aperitivos, especialidad de la Casa: Buñuelos de bacalao sobre orilla de alioli casero y Morcilla de Burgos en tempura bañada por un increíble alioli de mango, deliciosos.

Para maridar, David nos ofreció uno de los mejores verdejos que hemos probado hasta la fecha: 2 lágrimas. Vino elaborado por Nacho Díaz y Javier Serrano, gracias a los enólogos Jorge Garrido y Ana Serrano. Verdejo fresco, afrutado y elegante que conserva las características más naturales de la variedad de la uva Verdejo y presenta todo el sabor y la personalidad de la tierra de la que procede en La Seca, Valladolid, de la bodega vallisoletana Solar de Muñosancho.

Y comenzamos con una magnífica alharaca de ensaladas, perfecta elección para el mediterráneo día que estábamos viviendo: Tomate con ventresca –realmente suave y deliciosa–, Ensalada Balear con queso de Cabra, mango y nueces –una auténtica eclosión de sabores, aderezada con un aliño agridulce excepcional– y el tartar de tomate y aguacate con burrata: sin palabras, hay que probarlo para entenderlo.

Después de este maravilloso paseo por la huerta mediterránea pasamos al mar: Almejas de Carril a la marinera, Berberechos a la sartén, con ajillo y oliva, Pulpo braseado acompañado de papas revolconas y Gambón de Abordo a la sartén. Cada uno servido en su punto adecuado, con el toque de la salsa y el moje, el aroma en su lugar y la textura en su calidez. Entre ola y ola se coló un pedacito de monte: croquetas de jamón y pollo, un pequeña douceaur que alegró la mirada y el paladar.

El ambiente estaba caldeadito –bailaba la ilusión en el aire y el gozo entre los labios– cuando llegaron las paellas: la Mixta Ciega y la Marisqueña. El saber hacer del equipo de cocina en esta Casa es digno de elogio, con Rocky a la cabeza y Mark de segundo –sin olvidarnos de Armando, Jessy y Titu–. Es cierto que hemos probado antes el buen hacer con el arroz, pero esta Casa hace honor a su nombre, dándole a la paella ese toque mediterráneo, con trazas de isleño, que siempre enamora al peregrino.

Para terminar, y como no podía ser de otra manera, Víctor nos sirvió un delicioso surtido de postres: Lingote de tartín, Tarta de queso con arándanos y Torrija con dulce de lecheincluida la inocentada, hablando de una piña que habíase vestido de manzana–. Un auténtico despliegue de sabores, de colores y de placer. Todo ello regado por un excelente café irlandés –obra de las cocteleras manos de David– y por un magnífico Juanito Caminante.

Según terminábamos esta inolvidable experiencia, nos enteramos de que, a pocos metros de la Arrocería Balear, Miguel había iniciado un nuevo proyecto: Nolita, un encantador rincón perfectamente preparado para el encuentro y la reunión, la conversación y el abrazo –con Ivan a la cabeza y Juan Pablo a los brazos–; con una decoración al dente, distinta, tranquila y relajante, para disfrutar de veras de la copa y del cigarro, como antaño y como un futuro que esperemos no quede tan lejano. Menos mal que aún hay personas que abrazan y piensan, que se arriesgan para que haya casas así, y otras personas podamos disfrutar de estos lugares comunes, sitios donde el hombre se vuelve más humano, más comprensivo y mejor persona. Volveremos.

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Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.