Una buena lectura

Aínsa, Huesca
Destacados: 
  • Existen libros que consiguen hacerte el corazón más grande y la cabeza más sabia. He tenido la suerte de empaparme, durante estos días pasados, de uno de ellos: Ortodxia, de G. K. Chesterton.
  • Después de leer libros como éste, vuelvo a pensar que, con ciertas personas, siempre tendremos una deuda impagable, y lo único que podemos hacer es darles las gracias.
  • En esta mañana tibia de un sábado perdido de junio, las palabras de Chesterton han sido como el agua que limpia y fecunda esa tierra herida, cansada de tantas traiciones y tanto dolor, y he renacido de nuevo a la vida libre y amante.

Una buena lectura

Este Mundo intenta alienarnos, separarnos de lo que somos y vivimos. La sociedad se ha empeñado en arrebatarnos nuestra cordura e institucionalizarnos –como masculla M. Freeman en Cadena Perpetua–, es decir, eliminar todo rastro de rebeldía y fortaleza en nosotros. Por eso, desde estos ritmos queremos dejar en las mentes otros ritmos más antiguos, en donde los rincones susurraban revolución: ¡A las trincheras! (Cfr. D. Luengo).

Existen libros que consiguen hacerte el corazón más grande y la cabeza más sabia. He tenido la suerte de empaparme, durante estos días pasados, de uno de ellos: Ortodxia, de G. K. Chesterton.

La edición que llegó a mis manos fue un ejemplar de un buen amigo mío, publicado por la editorial “Saturnino Calleja”, posiblemente, en mil novecientos sesenta y siete. Y digo posiblemente porque se nota que dicho ejemplar debió perder sus pastas originales y le pusieron unas nuevas de color rojizo, con el título y el autor en dorado. Un trabajo excelente de restauración. No obstante, al arreglarlo debieron perder o quitar la hoja donde estaba el año de publicación.

Nada más abrirlo, un olor antiguo, profundamente romántico, te llena la nariz. Y comienzas a leer, no al propio Chesterton, sino las notas y poesías  que el dueño del libro ha ido diseminando pos sus páginas. La traducción es de Alfonso Reyes y el magnífico prólogo es de Alfredo Marquerie. Nunca entenderé por qué muchas personas se saltan el prólogo de los libros, es como si les invitaran a un banquete y no probasen ningún aperitivo –ni comida ni bebida–; tampoco entenderé a aquellos que se saltan el epílogo, es como renunciar a la copa y tertulia tras un magnífico almuerzo.

Hacía mucho tiempo que no leía de forma tan apasionada una biografía –autobiografía, realmente–. Quizá la última fue Fouché, de S. Zwig –sublime–. Sin embargo, y como ya dictamina Alfredo en el prólogo, esta autobiografía vagabunda de ese grandísimo hombre, ha sido fuente de energía y de ética para mí, que he tenido la dicha de posar mis ojos en ella.

Después de leer libros como éste, vuelvo a pensar que, con ciertas personas, siempre tendremos una deuda impagable, y lo único que podemos hacer es darles las gracias. Todos aquellos que me muestran la Belleza, el Bien y la Verdad como si de un abrazo se tratase, con una caricia, sincera y sabia, humilde y magnánima, han conseguido que me lance a amar y a gozar una vida que siempre me regalaron.

En esta mañana tibia de un sábado perdido de junio, las palabras de Chesterton han sido como el agua que limpia y fecunda esa tierra herida, cansada de tantas traiciones y tanto dolor, y he renacido de nuevo a la vida libre y amante. Aquí os dejo una pequeña perla de su libro.

“Necesitamos ser plenamente felices en esta tierra de las maravillas, sin conformarnos con pasarlo medianamente.

La gente de mundo ignora completamente aún lo que es el mundo, y todo lo reducen a unas cuantas máximas cínicas que ni siquiera son verdaderas.

La fantasía nunca arrastra a la locura; lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos, pero sí los jugadores de ajedrez. Los matemáticos enloquecen, lo mismo que los tenedores de libros; pero es muy raro que enloquezcan los artistas creadores. Ya se entiende que no pretendo atacar los fueros de la lógica; lo único que hago es advertir que el peligro de volverse loco está en la razón y no, como suele creerse, en la imaginación.

La poesía es saludable porque flota holgadamente sobre un mar infinito; mientras que la razón, tratando de cruzar ese mar, lo hace finito, y el resultado es el agotamiento mental. Aceptarlo todo es un ejercicio, y robustece; entenderlo todo es una coerción, y fatiga. El poeta no busca más que la exaltación y la expansión, el desahogo de su personalidad sobre el mundo. El poeta no pide más que tocar el cielo con su frente. Pero el lógico se empeña en meterse el cielo en la cabeza, hasta que la cabeza le estalla.”

Así pues, os recomiendo la lectura de este libro, revolucionario y ejemplar, para que lleguéis también a la revolución de la poesía y consigamos dar la vuelta al mundo como a un calcetín. Porque, como dice Gilbert, hemos de ser hombres soñadores y libres..., no “hombres de mundo”, cínicos por añadidura, escépticos, diplomáticos y políticos eminentes.

W. Lawson Croceti


Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.