VictoryAna

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  • Hace unas semanas estuvimos degustando ensalada y carne a la brasa en el Rincón de Brunete, y nos quedamos con las ganas de hacer una degustación más completa, paseándonos por las especialidades de la Casa.
  • Hace unos días volvimos, y el resultado fue enriquecedor.

VictoryAna

Más que astucia, necesitamos amabilidad. Descubrirás que la vida merece la pena si sonríes.

Charlot.

Hace unas semanas estuvimos degustando ensalada y carne a la brasa en el Rincón de Brunete, y nos quedamos con las ganas de hacer una degustación más completa, paseándonos por las especialidades de la Casa. Hace unos días volvimos, y el resultado fue enriquecedor.

La tarde caía en Brunete, ese pueblo del oeste de Madrid cuyo nombre, en su uso antiguo, se decía de cierto lienzo, paño y tejido basto de color negro con una variedad de usos. Etimológicamente, proviene del adjetivo francés bruno (brun es moreno) y del diminutivo -ete; por lo cual podemos traducir brunete como morenita, puesto que el vocablo es femenino. Y así caía la tarde, morenita, en El Rincón de Brunete.

Nada más sentarnos, Víctor –de natural campechano, sencillo y buena persona– no sirvió dos birras para ir aderezando el patio y unos excelente boquerones en vinagre de la Casa. Entre sorbo y sorbo recordamos los orígenes de la Villa, de excepcional ubicación, allá en los tiempos de los visigodos, que gozaba de una curiosa actividad telar y ganadera: de ahí brunete, paño oscuro (moreno). Posiblemente, los primeros pobladores de Brunete procedieran de la región de la actual Segovia, dependiente de la Colonia Clunia Sulpicia romana, provenientes de la emigración de la ciudad en la crisis del Siglo III.

Lo que sí está claro es el carácter de los brunetenses, castellanos castizos hasta la médula. Carácter que, antes o después, comienza a brillar en las personas que se desplazan hasta sus tierras: honrados, trabajadores, sinceros y profundamente nobles. Como en botica habrá de todo, pero predomina lo esencial.

Comenzamos con una ensalada Victoriana (Víctor y Ana), que hace gala de sus propietarios, con mención de honor: ahumados, gulas, langostinos, palitos de cangrejo y tomatitos cherry. Refrescante, cariñosa, sin pretensiones presuntuosas, con la realidad de buen yantar. Junto a ella, Víctor nos obsequió con su sangría: la mejor forma de describirla es probarla.

Continuamos con la tablita de ibéricos y quesos, que nos volvió a recordar el origen ganadero del pueblo, principalmente merino, de leche y lana. Y pasamos al mixto de croquetas: de chipirón en su tinta con pimientos de piquillo confitados –una auténtica dulzura– y de jamón –las de toda la vida, las de la abuela: sin palabras. Es asombroso lo bien que pueden llegar a sentar unas croquetas bien hechas, lo difícil que resulta encontrarlas y lo que disfrutas con un manjar tan sencillo.

En ese día descubrimos las maravillosas manos de Jimena, argentina venida a la villa de Brunete, de bonita sonrisa y mejor hacer en la cocina, sabiendo combinar lo característico de la casa con el toque de sus raíces. Jimena es la segunda de Manolo, el jefe de cocina, natural de Badajoz –esa tierra que también sabe de vitamina J, V y Q–, una profesional ejemplar.

En ese momento, Víctor nos sirvió los medallones de morcilla de arroz en tempura, abrazados por un vestido de almendra a la sartén, con salsa en reducción de Pedro Ximénez: un auténtico descubrimiento, maravilloso.

Para probar otra de las especialidades de la Casa, hicimos un alto en el camino y tomamos uno de los sandwich preferidos de El Rincón: el Rincón Plus. En un pan de mollete perfectamente braseado se inserta el solomillo de cerdo al punto, con su crujiente de bacon, queso cheddar derretido, pepinillos, cebolla frita y pimientos del piquillo confitados, todo ello regado por una magistral salsa de mostaza y miel. Al final, cuando terminas, te das cuenta de que has estado chupándote los dedos durante toda la operación: asombroso.

Para terminar, y antes de cerrar con el postre, nos dimos a la carne de vaca vieja de la zona y, como ya dijimos en nuestro artículo anterior, nos quedamos como recién nacidos: asombrados de que el mundo se engalane de tal guisa para nosotros. Y volvimos a dar las gracias a Víctor Rodríguez Corujas y a Ana María Rotaru, por haber tenido la idea de un lugar como éste: enhorabuena.

Por último, probamos el flan de la casa y las crepes de dulce de leche, traídas directamente de argentina gracias a las ejemplares manos de Jimena. Ya nos habían comentado la especialidad tan delicada que Jimena tenía para la repostería, en ese momento dimos fe de ello. Después de un buen cigarro puro regado por los aromas maltosos de Juanito el Caminante y despedirnos con todos nuestros agradecimientos de Víctor y de Jimena, nos alejamos calle abajo, como si del final de una película de Chaplin se tratara: plenamente satisfechos, sorprendidos y profundamente agradecidos.

Como diría Charlot: Nunca te olvides de sonreír, porque el día que no sonrías, será un día perdido.

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Sobre el Autor

David Luengo

David Luengo, director de www.losritmos.es, historiador y grafólogo, escritor y filósofo, compositor y fotógrafo.