Carta a una chica

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Carta a una Chica

¡Hola! Me presento, mi nombre es Cualquier Chica, tengo ciertos años y soy de No Sé Donde.

Me dirijo a ti porque llevo un tiempo observándote. Y me he dado cuenta de que no eres suficientemente clara contigo misma. Perdona mi intromisión y mi descaro pero me encantaría hacerte el favor de ilustrarte. Puedes leer esta carta si te place o ignorarla. Yo solo haré lo que creo, debo hacer. Lo demás es cosa tuya.

En primer lugar me he percatado de tus intentos por huir de tu firme deseo de tener pareja. Sí, huyes aterrada y sin embargo lo deseas profundamente. Sé que detestas que así sea, que te resulta tedioso y arriesgado eso de empezar a conocer a un chico, y todo eso de las relaciones sentimentales y “nosequé”… Sé que trabajas con esfuerzo por encontrar un antídoto a esa necesidad, que a pesar de tu rechazo, experimentas. Esa necesidad de compartir tu vida con una persona de sexo opuesto. Ya sabes, las confidencias, intimidades, contacto físico, convivencia, compromiso. Sé que no te suena precisamente a transacción rentable. Y que por eso intentas extirpar de ti esa tendencia a querer vivir un romance, de película de clase B. Por eso, en un esfuerzo por ignorar a tu subconsciente, haces planes de futuro, imaginándote en un apartamento empapelado de posters de tus “frikadas” varias y viviendo solo en compañía de una pareja de hurones alvinos a los que dar cariño. Pero una parte de ti no puede evitar soñar con un beso apasionado bajo la lluvia y un sinfín de amaneceres abrazada al torso desnudo de un hombre que viva enamorado de ti. Tus fantasías te delatan. Y aunque a menudo pienses que es suficiente con fantasear, que es más fácil así, desde tu soledad, sabes que eso te sabe a poco. A muy poco.

A veces desahogas tu alma escribiendo esos deseos, con la esperanza de que al día siguiente dejen de rondarte al menos durante un rato. Pero solo los avivas. Porque en el fondo, realmente es lo que quieres. Eres una romántica empedernida.

Ya volveremos a esta parte más tarde. Por que tendré que argumentar que eso, (ser sensible al amor físico y espiritual) no es en absoluto malo o pernicioso. Pero ya hablaremos de eso.

Antes quería comentar varias cosas que también he observado.

Aquí empieza la segunda parte de la carta.

Chica, mujer. Afróntalo, todos esos chicos, hombres que te han mirado por encima del hombro, que te han tratado con desdén, no tenían derecho a hacerlo. Créeme, no. Ni siquiera te merecen. No por ser malas personas, o porque tú seas mejor que ellos, si no porque ¡vaya desperdicio mujer! Si no saben ver lo increíble que eres, chica, puede que solo sea porque no están capacitados pero, ¿crees que tu historia de amor debería pasar por sentirte constantemente inferior e incomprendida? Esto no es un cliché, o lo típico que se dice a una amiga en un intento por levantarle la moral. Tengo motivos para decir lo que digo.

Ciertamente eres compleja e inestable, y no entiendas inestable por mujer que pasa de la risa al llanto o por loca histérica. No. Inestable es aquella persona con dificultades para estarse en un lugar o circunstancia por largo tiempo. Más que un defecto, lo calificaría de rasgo de la personalidad. Un rasgo que de hecho te convierte en una mujer imaginativa, interesante y exploradora, libre y creativa. Puede que a veces seas esclava de tu inestabilidad y ella te empuje a estridencias pero, todos cometemos errores y nos caracterizamos también por nuestros desastres.

Pero chica ¿y todo lo demás? Tu carisma, tu ingenio, tu inteligencia, tu elocuencia… Tu ser de artista, tu mirada de sensor de cámara de fotos, capaz de captar y plasmar cada rallo de luz sin obviar la ausencia de ella también. Tu deseo de trascendencia. Tu búsqueda de la felicidad y de la verdad.

Repasemos. Cómo eran esos chicos que creyeron que tú no eras suficiente.

Tal vez algún chico que no sabía ni hacer coincidir persona y tiempo verbal en su frase de estado del Whatsapp, pero que  se sentía especialmente orgulloso de su prosa escrita. O ese otro chico, ese al que ayudaste con trabajos de clase. Debo resaltar aquel trabajo, cuando le advertiste de que el contenido era bastante insuficiente, pero el obviamente teniendo “mejor” criterio que tu, no hizo el más mínimo caso. La profesora lo suspendió, no sin antes premiar la brillante redacción (redacción que tu corregiste, o reescribiste mejor dicho) y dejando claro que ni por esas llegaba al aprobado. El mismo chico al que llegaste a querer, al que en silencio llamabas, “mi amor”. Ese chico pesimista al que cada día preguntabas que había habido de bueno en esa jornada y piropeabas con una sonrisa en los labios, de la propia ilusión que te producía pensar que podías animar a ese pobre chico. El mismo chico que acabo por afirmar que no merecía la pena estar contigo.  O ese otro imbécil (disculpa el termino) que jugó a perdonarte la vida. Aquella noche en la terraza del bar, tú habías puesto sobre la mesa tus sentimientos, el solo sabía hablar de que esperaba otra cosa, no a ti. A ti que lo abrazaste en el llanto, que le perdonaste tantas veces. O ese otro que no quiso quedar contigo para dar un paseo por el pueblo, para que nadie os viera juntos. Aun me rio de pensar que llevaba las cejas mejor depiladas que tú y de que se sentía orgulloso de combinar el color de sus jerséis con el de sus zapatillas. Ese mismo que te juró y perjuro que él no era hombre de mentira hasta que te mintió.

Chica, la lista es bien larga. Llena de personajes cortados por la misma tijera. De esos que desprecian que una chica se preocupe por ellos. Porque son tan infantiles que aún creen que las relaciones son un juego, un “tira y afloja” en el que debes parecerles inalcanzable cuando les apetezca y fácil cuando se calienten. De esos a los que les aburren tus composiciones musicales o tus pinturas a acuarela, pero son tan osados de hablar categóricamente de lo que consideran arte, sin entenderlo en absoluto. Ellos que se sienten orgullosos y llenos de poder varonil mientras ven “Fast and furious”. Ellos que se creen cultos de la música porque saben quién es Freddie Mercury, escucharon “Taburete” en sus inicios o conocen canciones de Melendi que no suenan en la radio. Pero que cuando oyen algo de “The Strokes” ponen cara de haber chupado un limón (cómo me gustaría encerrarlos en una habitación y obligarles a escuchar algo de Wim Mertens o “Dead can dance”). Ellos que no entienden tres palabras seguidas tuyas y creen que es porque tú no te sabes expresar o porque eres una paranoica. Su mejor frase: “tu es que te rallas mucho”. Me encanta… sus reflexiones sobre la realidad se resumen en onomatopeyas, “no se” o “nada”. Y como no insinúes el sexo en una conversación no creo que les interese compartir nada contigo. En fin.

Espero que hayas podido llegar a la conclusión de que no te has perdido nada dejándolos atrás.

La tercera parte de esta carta es para insistir en mi comprensión.

Quieres renunciar a ese romance simple y llanamente por cansancio, sin más. Porque te has topado con esa mierda, porque ellos las prefieren sencillas y tu, rizas el rizo. Porque crees que tienes que elegir entre resignarte o que te partan el corazón. Así que has trazado un camino paralelo en el que no hay más hombres, y henchida de orgullo, es el que quieres recorrer. Un nuevo guion en el que a mitad de la película, te arrancas el corazón para sustituirlo por la música y el viento. Pero al darte cuenta de que sigue habiendo una fuerte ausencia, te desplomas.

Acéptalo. Por las venas te hierve el deseo de saltar de alegría después de una cita entre risas cohibidas y segundas intenciones. Pero todo a su momento. ¿Por qué iba la vida a inyectar dicho deseo en tu ser, si después te lo iba a negar?

Sé que pesa sobre ti la tendencia que has llevado estos años al desamor. Pero las estadísticas, en estos casos, siempre se equivocan.

Y aquí llego al final de mi carta.

Tu lo que deseas, para lo que fuiste creada es, para el amor. Y no serás feliz hasta que lo compruebes.

Es cierto, el enamoramiento no es amor, pero es el preámbulo, la entrada, es lo que se nos ha regalado porque no llegamos a entender el amor, y así se nos ha facilitado el conocerlo.

Deseas unirte a un hombre, porque es la forma más gráfica, más física en que se manifiesta el amor. El no pertenecerte para ser de otro, para vivir para otro. Y como esto suena tan escandalosamente horrible, se nos ha ilustrado con la sexualidad. ¿Qué forma más específica y directa de darte toda entera a otra persona?

No es estúpido que quieras todo esto mujer. De hecho es estupendo que lo quieras en su orden natural. Que quieras enamorarte y que de ti se enamoren. Que quieras abrazar y ser abrazada. Que quieras desear y ser deseada. Y lo mejor que tienes es esas ganas de explotar en cariño hacia otro ser humano y de mostrarte tal como eres. Esas ganas de ser madre y querer a unos hijos. Esas ganas de meterte en la cocina a preparar tus bocadillos con todo tu amor, para que los disfrute tu familia. Esas ganas de encontrar esa cara, para poder retratar a carboncillo el rostro de tu amado. Esas ganas de vivir esos momentos para poder recopilarlos en canciones.

Ya que tienes todo eso, no juegues a intentar sacarlo de ti. Guárdalo con ese cariño que te caracteriza porque, alguien lo degustará con el mismo cariño, alguien que lo pueda apreciar.

No intentes escapar de los sufrimientos, porque van impresos en el amor. Y no intentes encontrar la felicidad fuera del sufrimiento, por que los muertos son los únicos que pueden presumir de no sufrir.

Eres un don. Un regalo. Consérvate así para alguien a quien te vas a regalar. Tienes miedo, al desprecio. Quieres esconder tanto tus debilidades, como tu cuerpo. Quieres salir corriendo porque crees que la historia va a acabar en un profundo dolor. Pero no huyas. Si huyes, te arriesgas a perder la experiencia de que amen tus debilidades y cada poro que cubre la piel de tu cuerpo.

Olvida lo pasado, porque ya pasó. Ellos no te merecían, tú mereces algo mejor. No valoraron tus acordes, pero eso da aún más valor a tu canción. Aprendiste a quererles, aunque por desperdiciar la ocasión, ellos no. ¡Ánimo!

Así que, sí. Con esta carta pretendo darte esperanza. Si la he despertado en ti, agárrala fuerte y no la dejes escapar, porque puede que acabes por endurecer irreversiblemente tu alma, y te pierdas el AMOR.

Firmado: tu propio corazón.

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Sobre el Autor

S. Herrera

Sara Herrero Caballero, española, natural de Lucena, es escritora y humanista. Le encanta el arte: el dibujo, la música, la moda... Disfruta con la buena conversación y la buena lectura.