Efectos del teléfono móvil en la cuarentena

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Efectos del teléfono móvil en la cuarentena

Una fuente de estrés que es ahora más potente que nunca es el teléfono móvil y, en especial, las redes sociales. Como ya sabemos, ambos son adictivos, pues ofrecen ―como se dice― una recompensa muy fácil y rápida a nuestra mente: estimulaciones intensas de brillo, colores, sonidos, notificaciones de personas, likes, alta información e inmediata, noticias, etc. Pero esto ya sucedía en la vida normal, cuando no existía la cuarentena. ¿Cómo afecta ahora?

La capacidad adictiva y estresante de las pantallas, en especial las del móvil y de las redes sociales se ha multiplicado. La razón reside en que se han radicalizado las proporciones de las causas híper-estimulantes.

Por un lado, nuestra actividad vital ha bajado: tenemos menos cosas que hacer, en un sitio mucho más reducido, que es nuestra casa. Al no poder movernos o hacer ejercicio, aumenta el estrés y el nerviosismo. Tampoco podemos salir a trabajar, lo que aumenta la frustración y disminuye la sensación de sentirnos útiles, satisfechos con nosotros y productivos.

Por otro lado, nuestra casa quizás sea el sitio que nos es más familiar y, por tanto, menos  impresionante sensitivamente hablando: la estimulación sensorial natural que recibimos ha disminuido. 

A esto se le suma un malestar generalizado por la baja capacidad de adaptación y creatividad que caracteriza a esta generación: aburrimiento, ansiedad, apatía, desánimo y baja capacidad de frustración. Estos son factores que potencian enormemente la dependencia a los no tóxicos como son las nuevas tecnologías, las redes sociales, los videojuegos, la comida, etc. Estas actividades no son demasiado adictivas en sí mismas, pero poseen la capacidad de aliviar el malestar de forma rápida pero momentánea, tanto que puede llegar a ser compulsiva. Por ejemplo, una persona con este tipo de sintomatología se engancha fácilmente a algo que simplemente le distraiga y le quite la ansiedad, aunque esto no le haga feliz; pero el hecho de no sentirse mal le es suficiente y se conforma. En el caso de la adicción a los móviles, esta situación es un caldo de cultivo muy interesante que los hace pegajosos y difíciles de apartar.

Además, se ha multiplicado enormemente la estimulación que encontramos en las redes con el creciente boom de información que corre, de noticias de importancia crítica, de creaciones de memes y videos de humor y de videos de alarma y de preocupación. 

Para colmo, está el fenómeno ventana: parece que los móviles son la única ventana para acceder a este revolucionado mundo exterior y a los estímulos que de él proceden. Esto focaliza en desmedida la obsesión con este repetido objeto de interacción. Además, como todos estamos pendientes del móvil, más contenido digital y mediático se genera. Parece impensable separarnos de él en estos momentos.

Por todo esto, si al coger o soltar el móvil tenemos la sensación de que se nos acelera el pulso, la tensión se incrementa y sentimos cierto nerviosismo, no es de extrañar. Debemos ser conscientes de que vivir híper-conectados es definitivamente perjudicial y totalmente contrario a vivir la situación con tranquilidad. Dejemos la pantalla y levantemos la mirada para contemplar nuestra casa y nuestra vida, a las que estamos tan acostumbrados, con nuevos ojos.

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Sobre el Autor
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JC. Beato

Nací en julio del 95 en Lucena (Córdoba), soy el mayor de diez –cinco en la Tierra y cinco en el Cielo–. Estudié psicología en la UCAM, máster en Orientación y Formación de personas especialista en discapacidad en uBLC y guitarra clásica en el Conservatorio de Música de Murcia. Lo que más me gusta es formar belleza y he descubierto que la mayor que se pueda llegar a ver es formando personas.