El editorial: Anglicismos

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Usar extranjerismos innecesarios puede ser síntoma de falta de aprecio por la propia lengua, que equivale a decir desprecio a nuestra historia, a nuestra cultura, a nuestros antepasado y a los que nos sucederán.

Anglicismos

Usar extranjerismos innecesarios puede ser síntoma de falta de aprecio por la propia lengua, que equivale a decir desprecio a nuestra historia, a nuestra cultura, a nuestros antepasado y a los que nos sucederán. Aunque probablemente en muchos casos se trate de pura comodidad o de puro mimetismo, porque son palabras que leemos en los periódicos o escuchamos en la calle, en la radio, en la televisión… Quizá alguien piense que es manifestación de cultura, de talento, pero suele ser más bien expresión de lo contrario. Si he salido de compras, por poner un ejemplo, qué necesidad tengo de decir que he ido de shopping

En estas fechas veraniegas, quizá algún conocido nos ha dicho que pasará las vacaciones en un resort y probablemente habremos leído en la prensa que tal o cual equipo de fútbol está realizando el stage de pretemporada en tal o cual lugar del ancho mundo. ¿Nos habríamos enfrentado a alguna dificultad comprensiva si en vez de estos dos anglicismos nos hubiéramos topado con complejo hotelero o centro vacacional o complejo turístico, en el primer caso; y con concentración, en el segundo? Seguro que no.

Una hija de un amigo se quejaba en una reunión familiar de que había sufrido moobing en la empresa en la que había trabajado full time durante unos meses. Lamentable, sin duda, pero habría quedado mucho más claro para todos los que seguían la conversación si hubiera dicho que sufrió acoso laboral o acoso psicológico o sencillamente acoso durante el tiempo en que estuvo trabajando allí con dedicación exclusiva o a jornada completa.

Bienvenidos sean los extranjerismos que enriquecen nuestro idioma y nos ayudan a expresarnos con más precisión y a entendernos mejor, pero el uso indiscriminado manifiesta poco o nulo interés por escribir o hablar con corrección o, sencillamente, pereza para consultar un buen diccionario: antes había que levantarse y buscar en un voluminoso libro sacado de una estantería, pero hoy basta con teclear en el móvil o en el ordenador para encontrar la palabra adecuada.


Sobre el Autor
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L. Ramoneda

Escritor y poeta. Filólogo y apasionado de la buena lectura.