Una casita en el infierno

Naranjos

Una casita en el infierno 

Los naranjos en verano también huelen, y su aroma intenso a verde y campo combina a la perfección con el dulce agua de las sandías rojas.

Todos son aptos para mis fantasías. Nadie para la vida real. Y ¿por qué?

Ya se oyen los grillos y lentamente despiertan las noches en las calles de mi pueblo. La oportunidad de catar, como por primera vez, las luces naranjas perdiéndose hacia arriba en el negro azul. Camina erguida. Tu cabeza como guiada por un fino cordel que parece hacerte levitar. Balancea las caderas al andar y ya lucirás como Marilyn Monroe. Realmente nadie me acompaña, salvo de manera involuntaria y entre los muros de su casa, cada alma. La calle estrecha y las farolas enfiladas. Si alguien supiera de mi apatía mortal… Rubia pero morena, los anillos ni de plata ni de oro, son de acero.  Al final de la calle un parque sin iluminar. La mejor alegoría de mi vida. Un camino en la noche en el que a lo lejos solo se ve la inmensa oscuridad.

Noche tras noche, tras noche. Y otra noche. 

Mírate, sentada en la abrumadora soledad de tu cama de matrimonio. Collar de perlas muy baratas y cadena de no sé qué material. El sujetador de encaje sobre tu diminuto pecho. Las sabanas moradas. Las manos empapadas en sudor para no variar y los pies fríos. Viendo Burlesque en Netflix y fumando de liar. Un ridiculo flequillo recogido hacia los lados con horquillas ya muy viejas. Ojeras muy marcadas y un asqueroso dolor de cabeza. Ahora no observas otro panorama que el tuyo. Y te preguntas ¿podría alguien ahora mismo mirarme y desearme, así,tal cual? 

La lluvia de Junio también huele genial. Hace juego, sin duda, con mi nueva afición a cocinar.

El nuevo barrio es tranquilo. Me gusta, la verdad. Muy cerca de colinas y campo. El otro día salí corriendo a gritar. Lo malo es que aún me persigue, lo que quiera que sea. Cuando bajo la guardia me agarra del corazón y me intenta llevar a lo más profundo de la tierra. No hablo del planeta, no, hablo de sótanos sin excavar. A veces me instalo allí, casi soy capaz de llorar. Pero ni sintiendo la más profunda lastima al verme desnuda sentada en el limite entre el viernes y el sábado, fumando junto a la ventana cerrada y lamentando cada mierda en la que me he metido, consigo salir de la apatía aunque solo sea un instante, un respiro de tiempo, el suficiente para permitirme el amago de llorar.

El olor a pimientos fritos es una auténtica delicia. Hoy los comí con pollo al horno. La macedonia de frutas, sin embargo, no me resultó un manjar. 

El cielo de pronto cerró, no sin antes dejar escapar un intensisimo viento cantautor. Los olmos frente al balcón bailaban como nadie su canción. 

¿Y que más da? ¿Que importan todos esos días, noches, tardes, todas esas sensaciones? ¿De que sirven? A la mierda con las percepciones sensoriales que pueda recopilar. Solo sirven para fingir mediocremente que sigo viva... para engañar a mi falta terrible de calor y humanidad.

¿SE PUEDE SABER DÓNDE ESTÁS? ¿A DÓNDE FUISTE A PARAR? ¿DÓNDE TE HAS ESCONDIDO? ¿POR QUÉ ME PERFUMASTE DE ESPERANZA? ¿POR QUÉ SI DESPUÉS TE IBAS A DEJAR ABANDONAR? PODÍA OÍRTE ENAMORADO. ME AYUDASTE A CRUZAR LO IMPOSIBLE. Y AHORA LO IMPOSIBLE ES PODER VOLVER A ESCUCHAR…: después de cruzar lo imposible ahora no me ayudas más... y estoy destrozando mi sinsentido de vida, por que lo terrible del infierno no es el exceso de sufrimiento, es tu ausencia, y nada más.

Categoria: 

Sobre el Autor

S. Herrera

Sara Herrero Caballero, española, natural de Lucena, es escritora y humanista. Le encanta el arte: el dibujo, la música, la moda... Disfruta con la buena conversación y la buena lectura.