woman in brown coat

Llevamos más de nueve años -desde el nacimiento de este diario- observando el mundo, mirando atentamente cómo los supuestos poderosos de la Tierra arruinan al ser humano y lo condenan a una vida de estulticia, sentimentalismo y alienación de sus propias raíces. Estos mediocres seres del compás, del globalismo por encima de cualquier cultura, de la utilización y la violación de la naturaleza siguiendo la oscura dictadura de la ciencia y el loco solipsismo de la la razón, de la desoladora y desarraigada idea de un hombre que ha llegado a este presente gracias la estulta idea de un evolucionismo físicoquímico tan seco como quimérico, de la hitleriana o dionisíaca idea de la utilización del ser humano como cobaya y materia prima para sus orgiásticas investigaciones en post del transhumanismo y, sobretodo, del asesinato orquestado, dirigido y constante de todos los hombres más débiles que intentan llenar de amor este universo…, han llevado al hombre -en estos últimos cincuenta años- a la auténtica pérdida de aquello que lo define: la libertad.

El aborto, la eutanasia, la eugenesia, el maltrato psicológico -tanto social como personal-, la ideología de género, la destrucción de la mujer y de la familia, el control de la natalidad mundial -bien sea con métodos anticonceptivos artificiales como con la creación de virus y su distribución mundial-, la absoluta manipulación y el absoluto control de las materias primas, la desestabilización de los gobiernos, la compra y manipulación de los medios de comunicación social, la patética -en su sentido más lato- publicidad de sus demenciales ideas a través de las grandes productoras de audiovisuales, y la más que sangrante utilización de los distintos sistemas educativos para la violación constante de las mentes de nuestros hijos -el denigrante maltrato moral- está consiguiendo instaurar en el mundo el reinado de los nuevos Sauron, eso sí, todo bañado en un sentimentalismo y un relativismo profundamente vomitivo.

Sin embargo, también hemos sido protagonistas en primera persona de otra observación: hemos contemplado cómo este increíble hijo de Dios, que es el ser humano, desde el abrazo, desde la caricia, desde el respeto a la Verdad, a la Belleza y al Bien, desde la defensa de toda vida humana, desde el encuentro y el respeto a su propia naturaleza…, en una palabra: desde el Amor, está consiguiendo que, en esta Edad de las Tinieblas en la que estamos inmersos, surjan héroes que nos enseñen el significado de la palabra persona, es decir, de la auténtica y audaz definición de libertad.

Sólo así llegaremos a descubrirnos, para poder amarnos, y aceptar que siempre hemos sido hijos de un mismo Ser y que, por mucho que lo intentemos, jamás seremos nada sin Él. Hasta entonces, el sufrimiento, la desesperanza y la estulticia serán los abismos de nuestra razón y la materia que tejerá la angustia de nuestras vidas, que no serán más que agujeros negros en un universo gris y profundamente relativista y, por ende, inhumano.

No deberíamos olvidar nunca que, cuanto menos libertad existe en el mundo, menos humano es el hombre -que se inhumaniza-. Sólo debemos contemplar cómo estamos fagocitándonos unos a otros en post de la libertad para conseguir justo lo contrario. Hoy en día, una gran mayoría han llegado a tornarse en los perros de sus amos y exhiben la marca de su señor llevando su bozal, todo ello, eso sí, en el nombre del dios de la salud que, como toda religión inventada por los hombres, les vuelve más hipócritas, más esclavos, menos hombres.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *