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En el libro Vencer la ansiedad del especialista Domènec Luengo se describen los principales interruptores del miedo y la ansiedad en las personas. Conocerlos es fundamental para aprender a controlar y prevenir nuestro miedo y vencer así uno de los enemigos más importantes de la vida para ser felices. Estos 7 desencadenantes de la ansiedad son:

  1. Situaciones que incluyen cambios o novedades, especialmente si estos son vistos como importantes.
  2. Situaciones poco predecibles, es decir, situaciones ambiguas o de final inesperado.
  3. La incertidumbre: situaciones, no solo de final inesperado sino también de transcurso incierto, es decir, no saber cómo van a suceder las cosas.
  4. La inminencia del peligro: percibir que se acerca el peligro de forma irreversible y prácticamente inmediata.
  5. La poca confianza en uno mismo para afrontar un peligro: ver que debemos enfrentarnos a un peligro para el cual sentimos que no estamos preparados.
  6. Situaciones perturbadoras ya experimentadas anteriormente con mala experiencia de la misma, pues recuerdan lo que ya se sufrió en el pasado.
  7. Situaciones que parecen cruciales y transcendentes: situaciones drásticas, importantes, que implican obligaciones morales de ahora o nunca, es decir donde no hay más oportunidades.

Todas estas situaciones producen ansiedad, especialmente las dos últimas. Es bueno conocerlas para identificarlas, prevenirlas y no dejarnos llevar por la presión y el miedo que las acontecen sino por la templanza para actuar con razón e imaginación que son las capacidades que mejor resuelven nuestras circunstancias.

Debemos saber que el 90% de los miedos que sufrimos hoy día son a cosas o ideas irreales o irracionales. Observemos que cada desencadenante del miedo no se basa en realidades sino en la percepción de las realidades. El miedo no aparece ante las amenazas sino antes las cosas percibidas o evaluadas por nuestro cerebro como amenazas. Comprender esto es fundamental para entender nuestros temores y redefinir posteriormente nuestra respuesta ante ellos. La buena noticia es que nuestro cerebro a menudo se equivoca: nuestra vida es mejor de lo que pensamos. Por ello, distingamos entre miedos racionales y miedos irracionales.

Debemos desprendernos de todos nuestros miedos irracionales, especialmente del miedo al sufrimiento y del miedo al miedo. Reconozcamos nuestros propios temores y sustituyámoslos por la consciencia y la responsabilidad, con fe para mantener la calma, esperanza para ser pacientes y amor para darle un sentido a cada sufrimiento. De lo contrario, seremos esclavos de nuestros miedos para toda la vida.

En muchos casos será bueno acudir a un profesional para superarlos, pero, en resumen, la mejor forma de desprendernos de nuestros miedos es:

1º Para: deja de hacer cosas, deja de huir, deja de evadirte y distraerte, deja de trabajar. Para, respira, espera, no hagas nada. Si tienes miedo, tenlo. Si el corazón o la respiración van de prisa, deja que corran, si quieres llorar, llora. No hace falta que hagas nada. Tu organismo está haciendo exactamente lo que sabe hacer para adaptarse.

2º Reconoce tus miedos. ¿Qué es lo que te preocupa? Pon nombre a tus miedos, escríbelos si quieres, haz una lista. Si no lo identificas, ten paciencia, ten esto en mente a lo largo del día, viaja por tu memoria de vez en cuando hasta que des con la tecla. No hace falta que tus miedos se entiendan de forma lógica, escucha a tu intuición más que a tu razón.

3º Exprésalos sinceramente y descríbelos. Define lo que sientes, cómo lo sientes, dónde lo sientes, en qué parte del cuerpo, a qué se asemejan tus sensaciones, qué lo intensifica, qué lo reduce, imagina una escena o metáfora visual que trasmita esas sensaciones, ej: como si estuviera en medio de una tormenta y me estuviera hundiendo.

4º Reflexiónalos y compréndelos. Intenta entender de dónde vienen estos miedos, si puedes. Pregúntate a qué experiencia o experiencias pasadas te transportan y qué experiencias recientes han podido activarlo. Si no sabes hacerlo, fórmate, lee sobre la ansiedad y entenderás mejor los miedos.

5º Decide qué hacer con tu vida y define qué actitud quieres tener. Observa a las personas a las que admiras ¿Cómo enfrentan ellos esta situación? ¿No es acaso la mejor forma de hacerlo? Imita a tus referentes, inspírate en ellos y en su actitud.

6º Acéptalo y vive con ellos hasta que disminuyan. Sigue adelante, convive con el miedo, haz lo que tengas que hacer… Si te da miedo, hazlo con miedo. Si no puedes, ten paciencia: haz hasta donde puedas llegar. Mientras tanto, vive el momento presente y no te anticipes al futuro: ocúpate en lugar de pre-ocuparte. Aprende a esperar.

7º Aprende a reírte de ti mismo. Puedes familiarizarte con tus miedos y defectos además de aprender a darle un sentido a tus sufrimientos, hasta tal punto que no necesites cambiarlos y puedas reírte de ellos. Cuando lo consigas, los habrás aceptado por completo y paradójicamente, desaparecerán casi por completo.

Para comprender y definir mejor nuestros miedos, veamos algunas definiciones.

DEFINICIONES SOBRE EL MIEDO

  • Miedo: respuesta automática de nuestro organismo que pone en marcha nuestros mecanismos de alerta y de defensa al detectar algo que se interpreta como una amenaza concreta.
  • Ansiedad: miedo a algo que no sabemos qué es. Necesidad de huir de algo pero no sabemos de qué. A veces se convierte en un miedo general, un miedo a la vida, lo cual lleva a la angustia y a la tristeza o la depresión. Una vez que identificamos cuál nuestra ansiedad, esta se transforma en miedo, lo cual es el primer paso para superarla.
  • Pánico: sensación de haber perdido el control de nuestra vida, de nuestra mente, de nuestras acciones o de algo fundamental para nuestra integridad física o mental.
  • Angustia: miedo profundo y existencial cuando creemos que nuestra vida entera o nuestros mayores proyectos, deseos o anhelos están fuertemente amenazados.
  • Tristeza: desánimo o perdida profunda de la energía y el deseo vital. Suele estar acompañado del anhelo de amor y de la sensación de no haber sido amado, o al menos no lo suficiente; lo cual lleva a la dificultad para amar, a la frustración para aceptar la vida y la sensación de no poder seguir adelante.
  • Alegría: Vivencia profunda de gozo, energía y deseo a dar al rebozar de vida. Suele ser el fruto de haberse enamorado de la vida y haber aceptado planamente nuestras circunstancias.
  • Paz: Sensación profunda de que todo está bien hecho, de que todo está en orden o al menos tiende al orden, de estar en el camino correcto y de saber qué debemos hacer ante lo que nos pasa.
  • Ilusión: deseo profundo de vivir nuestra vida presente y futura, de disfrutar del camino y de compartirlo con el resto.

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